“Un hombre que está con Dios, está siempre en mayoría.” ―John Knox
1514-2014, 500 años de su nacimiento.

En nuestra tradición Presbiteriana y Reformada, contamos con acontecimientos que marcan periodos inigualables, no solo de la historia del movimiento de la Reforma Protestante sino en la historia de la humanidad. Uno de estos acontecimientos fue la vida y la obra del gran reformador John Knox, un valiente líder de la Reforma escocesa del siglo XVI, del cual, precisamente estamos celebrando 500 años de su nacimiento (1514-72).
Por alguna razón, mi vida de fe como cristiano ha estado ligada a Escocia. Mi primera visita a ese país fue en 2004 cuando fui a tomar un breve curso de algunos meses en su capital Edimburgo en St Colm’s International College, fui impactado por su cultura y pude encontrarme con las raíces de algo que me identificaba como cristiano. Aunque ya era un pastor presbiteriano, reconocí entonces que mi conocimiento sobre la Reforma escocesa era bien básico, esta experiencia cambió mi vida y amplió enormemente mis horizontes de fe. Dos años después, cuando tuve la oportunidad de vivir en esa hermosa tierra, lo asumí como el “post grado” que necesitaba para continuar sirviendo a Dios como un ministro de la Iglesia Presbiteriana.

No se puede hablar del presbiterianismo, sin analizar el contexto en el cual surge, sin conocer quien fue John Knox. En Escocia existen hoy muchos grupos de cristianos presbiterianos, nombre que asumen por su forma de gobierno. En el presbiterianismo gobiernan los presbíteros o ancianos y forman una junta llamada “consistorio”, los cuales son electos por la congregación. Como un retorno al modelo del Nuevo Testamento, a la vez que planteaba un rechazo al sistema episcopal y jerárquico.

Me llamó la atención, lo significativas que son allí las Iglesias que aún mantienen los elementos fundamentales de sus inicios, sobre todo los que tienen que ver con el pensamiento del reformador Juan Calvino, el cual fue recogido y aprobado por la asamblea de Westminster. El culto compuesto por el canto de salmos metrados, sin ningún acompañamiento musical, la centralidad de la predicación en su sentido más literal, es decir, sin adornos, pantomimas, expresiones corporales, nada. Dentro del culto solo se cantan salmos, como mencione antes, se ora  y se predica un sermón. El tratado teológico aprobado en Westminster y sus catecismos, no son simples documentos históricos para ellos, sino regentes de su pensamiento teológico actual, sin revisiones o actualizaciones. Viniendo yo de otro contexto, me fue fácil advertir que al otro extremo estamos otras Iglesias hijas de ese mismo movimiento, que tratando de sacar el “hiper’ Calvinismo de la Confesión Fe de Westminster, nos hemos apartado tanto, que es hoy prácticamente desconocida en muchas Iglesias reformadas, en Estados Unidos y América Latina.

Estuve involucrado e hice buenos amigos en varias denominaciones presbiterianas del Reino Unido. Unas muy conservadoras teológicamente y otras todo lo contrario, como es caso de la “Iglesia Reformada Unida del Reino Unido” (esto es opinión personal), que es lo que sería la Iglesia Presbiteriana de Inglaterra, pero también con presencia en Escocia. Están también, la “Iglesia de Escocia”, que es la Iglesia “oficial” pudiéramos decir, la “Iglesia Presbiteriana Libre”, la “Iglesia Libre”, la Iglesia Presbiteriana Unida y muchas más. Todas presbiterianas, pero con diferencias una de otra. Es por eso, que cuando a escuchas a alguien decir lo que es la Iglesia Presbiteriana, o lo que significa ser presbiteriano, etc., después de haber vivido en Escocia, simplemente, te tienes que sonreír.

El presbiterianismo escoces es arraigado en la cultura, peculiar, sin dejar de ser  diverso. El hombre que encendió esa chispa fue John Knox, quien nació en el seno de una familia católico-romana cerca de la ciudad de Edimburgo, y luego pudo estudiar en la Universidad de St. Andrews (1529), una prestigiosa universidad escocesa. Eran tiempos de densa oscuridad y supersticiones religiosas. La situación en este sentido no era muy diferente a otras regiones de Europa. La justificación por las obras, el desconocimiento completo de la Biblia, la ignorancia recorría las calles y llenaba la vida de una empobrecida nación. Este era el panorama cuando en 1536 Knox se graduaba obteniendo el título de maestría, en la misma institución donde brevemente ensañaría como profesor asistente, para poco después ordenarse como un sacerdote de la Iglesia dominante entonces y de la cual era parte, la Iglesia Católica.

Uno de los detalles, en los que he podido ahondar sobre la vida de Knox, fue en su etapa como un notario papal, hubo un tiempo después de su ordenación en la que no sirvió en una parroquia sino que como notario de los bienes papales, recordemos que la Iglesia era la propietaria de la mitad de los bienes e inmuebles de Escocia. Durante este tiempo, ya para el 1540-1543, sirve de tutor a los hijos de varias familias que eran conocidas por sus creencias protestantes, así que se piensa que pudieron influenciar al joven, pero brillante profesor.

La historia cuenta que el año 1543 fue uno definitivo en la jornada de fe de John Knox, en el cual se convirtió profundamente a Cristo, a través de la predicación de Thomas Guillanne, un ex-fraile Dominico. En los próximos dos años, Knox se dedicó al estudio meticuloso de las Escrituras, en busca de un conocimiento más profundo de la verdad.  Dos o tres años después George Wishart, un predicador reformado comenzó a recorrer Escocia predicando la Palabra. Pronto fue amenazado, su predicación atrajo notoriedad y seguidores, pero a la misma vez muchos enemigos. Knox se convirtió entonces en un discípulo y asistente personal de Wishart.

El primer día de marzo 1546 Wishart fue quemado en la hoguera en el Castillo de St. Andrews. Sus palabras mientras ardía en el fuego hoy son recordadas como las de un verdadero mártir de la fe: “Yo los perdono con todo mi corazón, ruego a Cristo también perdone a los que hoy, por ignorancia, me han condenado a muerte”

A partir de ahí, John Knox paso a ser el líder del movimiento en Escocia. El mismo Castillo de St. Andrews, anteriormente un bastión católico, se convirtió en un lugar de reunión para los protestantes que estaban abrazando enseñanza reformada. El primer sermón público de Knox al frente del movimiento en Escocia fue basado en Daniel 7: 24-25 en St. Andrews, en cuyo sermón Knox declaró sus convicciones con precisión inequívoca y gran poder. Se decía que pocos predicadores en la historia de la iglesia han predicado la Palabra de Dios con tanto fervor y convicción como lo hizo él, tenía como decimos “un verbo encendido”.

El movimiento se extiende con rapidez por todo el país, las personas abrazaban la fe en Cristo con valentía, enfrentaban el martirio, pagaban el precio del discipulado. Pude visitar en varias ocasiones aquellas Iglesias donde los avivamientos tenían lugar, algunas quedaron destrozadas, otras son museos, pero en ellas puedes ver lo que significo en la historia de cristianismo, como la enseñanza que define claramente la independencia espiritual de la Iglesia y el Estado, al tiempo que subrayaba la responsabilidad absoluta de ambas instituciones, para obedecer a Dios antes que a los seres humanos.

Hoy, cuando celebramos 500 años del nacimiento de John Knox, nos debemos preguntar, si la iglesia hoy necesita vivir otra reforma como aquella que le hizo vibrar espiritualmente. ¿Tiene que ver el evangelio que predicamos hoy con el espíritu inicial de la reforma que “dio a luz” al presbiterianismo? ¿Tiene la Iglesia hoy predicadores ardientes como John Knox? ¿Sonamos profundamente convencidos de las doctrinas bíblicas? Porque hermanos y hermanas déjenme decirles, que la tarea de la Iglesia hoy, sigue siendo la misma que en tiempos de Knox, anunciar el consejo de Dios, sea popular o no, sin miedo.

Oremos al Señor para que en estos tiempos llenos de oscuridad, confusión, apostasía y oportunismo, de la misma forma que hizo con John Knox, Dios levante a hombres y mujeres valientes, comprometidos con la exclusividad de las Escrituras y pueda nuevamente la llama de la Reforma extenderse en todo el mundo. Como cristianos herederos de este movimiento del Espíritu, que fue el Presbiterianismo, estamos obligados como pueblo de Dios, a proclamar nuestra fe en un tono más claro, fervoroso,  y sobre todo, más convincente.

En la Paz del Señor.

Rev. Alex Sosa

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