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Una Iglesia de discípulos (Juan 1:35-51)

S

omos una comunidad que da especial importancia al discipulado, creando espacios y oportunidades para el Servicio a Dios y al prójimo. Dios en su infinita sabiduría, como vemos en el Evangelio de Juan, llamó a otros a colaborar en su obra. Según nos dice Juan, el proceso de llamamiento se realizó, por medio de los mismos discípulos, los cuales después de conocer al Señor llevaban a él a sus amigos y familiares, destacando así el impacto de las Buenas Nuevas de Salvación en sus respectivas comunidades.

Hacemos discípulos, cuando nuestro trabajo está centrado en la Palabra. No podemos olvidar que Jesús después de llamarlos pasó tres años ensenándoles, no desde una posición de confort sino en el camino. Sus aulas fueron las veredas polvorientas que llevaban a las aldeas galileas, entrando en las casas, viendo las necesidades, no diciéndoles a los apóstoles cómo hacerlo, sino haciéndolo con ellos, amándolos, cuidándolos, corrigiéndolos y desafiándolos a correr riesgos. El discípulo no se hace en la frialdad de un salón de clases, se hace en el calor del hogar. Así lo vemos en la relación de Pablo con la iglesia de Tesalónica: “Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.” (1 Tes 2 : 8).

Nuestra meta ha sido crear, en nuestra comunidad, una cultura del Discipulado. No es solo crecer, sino madurar juntos en una mejor comprensión de lo que Dios dice en su Palabra y cómo interpretarla correctamente en nuestro contexto. Nuestros servicios de adoración, nuestras reuniones de grupos pequeños, estudios bíblicos etc. no están encaminados a hacer nuevos miembros nominales, sino a ayudar a la gente a crecer y a desarrollarse como discípulos del Señor.

La tarea no es fácil, se necesita mucha energía, valor y sobre todo paciencia, pero como Iglesia confiamos en las promesas fieles de la Gran Comisión:

“Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»
(Mateo 28:18-20)

Dios les continúe bendiciendo!
Rev. Alex Sosa