“Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová. Acuérdate de mí aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.  Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”. Lamentaciones 3:18-26

Hay un conocido poema que leía cada semana en el año que pase en el Hospital Tampa General, haciendo mi Primera Unidad de CPE (Clinical Pastoral Education)  en el Departamento de Cuidado Pastoral.  Muchas veces el trabajo del capellán era ayudar a las familias en la difícil tarea de “decir adiós”. El escrito, hasta donde se, anónimo  era dedicado a familiares de pacientes que sufrian de cáncer. El poema sin embargo, destaca el poder limitado de la enfermedad, en cuanto las cosas que no puede hacer o no se puede llevar.

 

“Lo que el Cáncer no Puede Hacer”

El Cáncer es muy limitado…

No puede incapacitar al amor

No puede romper la esperanza

No puede destruir la fe

No puede destruir la paz

No puede matar a la amistad

No puede suprimir los recuerdos

No puede silenciar el valor

No puede invadir el alma

No puede robar la vida eterna

No puede conquistar el espíritu.

 

Avanzando ya nuestro octavo año en esta congregación, y acercándose el final de otro año, pienso en como juntos hemos sido factores decisivos en esta aventura de proclamar nuestra esperanza en el Evangelio de nuestro Señor. Hemos sido testigos  de un periodo de pruebas y bendiciones, de peregrinar unidos entre derrotas y conquistas, cayendo pero levantandonos. Sin embargo, en un aspecto, este 2015 ha sido uno particularmente difícil, al menos para mi. Es en el que más hermanos/as que han estado muy activos en la vida de nuestra “manada pequeña” han pasado a morar a las mansiones celestiales, dejando en nosotros un vacío, un sentimiento de ausencia.  Ante el dolor que produce la muerte, para familiares y amigos, un   necesario reacomodo de recuerdos y pensamientos, está siendo imprescindible para seguir adelante. Como dijo un humorista famoso, “la muerte tiene mala prensa”. La muerte significa separación, es el final de un ciclo, y los seres humanos por instinto tratamos de retener aquello que amamos.

Sabemos que varias familias viven su periodo de duelo, tratando de reponerse a la falta de su ser querido. Así mismo nuestros  hermanos y hermanas de la Iglesia echan de menos a aquellos que fueron perdidas valiosas para la congregacion,  aunque ganancia para ellos al estar disfrutando de la Gloria de Dios. Ellos y ellas están donde no hay más lagrimas ni más dolor.

Nos gustaría, sin agotar todo cuanto guardamos en nuestro corazón,  recordarles en estas letras. Con ellos compartimos  alegrías y tristezas. Siempre recordaremos a nuestra querida Mary Blanca Fernández, cada domingo, en su asiento de siempre, sonriendo,  apoyando la obra del Señor en todo. Muchos bellos trabajos fueron hechos en los talleres de manualidades que ella dirigía cada semana.  Nuestros hermanos fueron tan especiales que algunos nos sorprendieron a pesar de su edad avanzada. Así nos ocurrió con María Baluja, su paso, a los 94 años no lo estábamos esperando. Se siente el vacío de su grito de  amen lleno de vida y sus testimonios cada domingo. Concha  Acosta, tenía la capacidad de estar presente en cada reunión de oración, estudio o cualquier actividad. Nunca olvidaremos su trabajo en el grupo de costureras, entre otras cosas, cosiendo las manticas que cada año repartíamos en Navidad. No se borrará de nuestra memoria Octavio Echevarría, un hermano callado y  fiel, ni Yolanda Acebedo, una hermana que casi no se sentía en la Iglesia  pero que siempre estaba. Tampoco olvidaremos a Juan Gonzáles, que una difícil enfermedad le hizo apartarse de una consagrada vida de servicio, un hombre sólido en palabra y acción, como deben ser los hombres de Dios, los líderes cristianos. Nuestra querida Remember Maceo, una columna de nuestra Iglesia, y una líder en nuestra comunidad hispana en el área de la Bahía de Tampa. En adición a esto,  familias de la Iglesia perdieron seres queridos, recibieron malas noticias de diagnósticos de enfermedades de hermanos/as, padres, etc. Que aunque no fueran miembros de la Iglesia también les recordamos y honramos en esta hora.

Todo esto tuvo lugar en el 2015, para muchos, por esa razón, este pudiera haber sido un año triste. Hay personas, que cuando se les muere un familiar, creen que su mundo se ha terminado. No solo ocurre a quienes no tienen suficiente fe,  nadie esta exento de reaccionar así,  ante la ausencia permanente de un ser amado. Nos sentimos morir, nos parece imposible poder ir adelante con la vida.

Si Jesús lloró, tu y yo podemos llorar sin que eso signifique debilidad.

Echemos un vistazo al Evangelio. Todos podemos recordar, en Juan 11, como Jesús tiene un intenso dialogo con sus discípulos (Muerte de Lázaro). Lázaro su amigo de Betania, hermano de Marta y María, estaba gravemente enfermo, noticia que recibiría Jesús de parte de las hermanas de Lázaro.  La noticia no pudo ser más dramática: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. El realmente amaba a todos, amaba hasta a sus enemigos, amaba con el Amor de Dios. Hacia la familia de Betania, sin embargo, profesaba una ternura especial de otra manera no hubieran las hermanas de Lázaro, expresado la noticia de esta forma.  Además, enfatiza Juan en el verso  5 “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro”.

Los discípulos, según nos dice el texto, también se entristecen con la mala noticia, pero entran en pánico cuando Jesús decide dirigirse, nuevamente, a Judea para hacer despertar a Lázaro de su “sueño”. Ocurría, que ya Jesús  estaba siendo buscado por las autoridades, viajar a Betania era un riesgo muy serio.  Adentrándonos en el capítulo, veremos como comienza a fraguarse en complot para, de una vez,  tomar a Jesús prisionero y poder juzgarlo y condenarlo.

La tristeza y el desconsuelo de los discípulos eran grandes y realistas, volver,  sería el fin.  Entonces viene una conocida frase de Tomás, llena de pasión por su maestro: “Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él”. Era tanto el cariño que sentían por Jesús que estaban dispuestos a no dejarlo solo ante ese peligro, estaban dispuestos a morir con él. Es un pasaje lleno de amor, amor de Jesús, ciento por ciento hombre, que llora por su amigo enfermo, y los discípulos que quieren morir por el maestro que aman.

Dios no es solo un ser que ama, Dios es Amor. Ese Amor de Dios fragua en nosotros los sentimientos más hermosos, nuestros pensamientos más puros.  Alabado sea Dios, cuando amamos con un amor que “todo lo sufre” somos bienaventurados, dichosos, bendecidos. Cuando recordamos nuestros seres queridos, aun en medio del dolor, sufrimos con esperanza. Hay que dar gracias a Dios, porque la enfermedad, el valle de lágrimas que significó perderles, no podrá nunca suprimir los recuerdos.

Hay varias cosas que como cristianos debemos siempre tener en mente  cada vez que pasemos por  momentos de angustia o tiempos difíciles.

Los momentos de aflicción y abatimiento son inevitables.

En Juan 16, Jesús fue muy realista en esto, Él dice: “En el mundo tendréis aflicción.” No es una cuestión de si vendrán o no esos tiempos,  sino cuándo vendrán. Esto va a suceder. Habrá momentos de frustración, de fracaso y  fatiga. Ellos son una parte normal de la vida. Una llamada telefónica, una carta, chequeo de rutina, un accidente, nadie es inmune. Debemos vivir seguros de que estos valles o desiertos en nuestra vida no significa que Dios no nos ame, estos son imparciales. No  importa lo bueno o malo que hayamos sido.

Los creyentes, en este mundo, experimentamos diferentes situaciones tormentosas, hay que saber qué significan y el efecto que pueden o no pueden tener en nosotros.   Primeramente, están las pruebas que vienen de parte de Dios, realmente no nos gusta ser probados. La prueba no es para que Dios compruebe algo en nosotros, él sabe perfectamente todo de nosotros y lo que somos capaces de hacer. La prueba es para nosotros mismos comprobar cuánto hemos madurado en la fe, cuanto hemos crecido en los caminos del Señor.

Otra cosa es la tentación, la tentación puede tener un efecto devastador si caemos en ella, viene del Maligno, aunque él sabe que no nos puede quitar la salvación  porque es un regalo de Dios por Gracia, pero él quiere que pequemos. Pero en la tentación, por disfrazada que se nos presente, nosotros podremos siempre escoger o decidir qué hacer. Puede que sea difícil, quizás podamos ser confundidos, pero siempre habrá una posibilidad real de que actuemos correctamente.

Sin embargo,  cuando vienen en forma de ataque, podemos haber sido la persona más justa de la tierra, como en el caso de Job, hermano/a ahí no hay nada que podamos hacer, sino  permanecer fiel,  agarrados de la fe, sujetos a la Esperanza, hasta que la situación tensa y problemática pase definitivamente.

Pero debemos saber que los ataques que sacuden nuestra vida, son temporales, que muchas veces tienen un propósito, y su poder será  limitado. Perder el conyugue, un hermano, un padre, un hijo, son perdidas cuyo remedio esta de fuera de nuestro alcance. La cura solo puede venir de Dios actuando en una vida llena de su presencia. De otra forma viviríamos en una eterna angustia y un permanente duelo,  intentando palearlos, sin resultado, con fórmulas mundanas que no pueden sanar el alma. Entreguemosle a Dios nuetro dolor, y pongamos en él nuestra esperanza.

Hay muchas cosas que los momentos tristes del  2015, con sus dolores y sus penas, no nos pudo  quitar. Hoy estamos aquí, escuchando estas palabras, hemos vuelto a sonreír, hemos salido a la calle,  mirado el cielo azul,  hemos admirado y dado gracias por lo que tenemos en esta vida por la que solo pasaremos una vez.  Además, nuestro amor por nuestros seres queridos, nuestra esperanza en el día de mañana, nuestra fe, nuestra paz, se mantienen hoy intactos.

Cuando llegan las horas tristes, no estamos solos, Dios está con nosotros. Hagamos cada uno hoy una lista de lo que a pesar todo, el 2015 no nos pudo quitar, y  digamos como el escritor biblico:

“…Nunca decayeron sus misericordias.  Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”. (Lamentaciones 3:18-26)

Rev. Alex Sosa

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