“El mayor peligro del siglo XX será:Religión sin el Espíritu Santo,

cristianismo sin Cristo, perdón sin arrepentimiento, salvación sin regeneración,  

política sin Dios, el cielo sin el infierno”      William Booth (1829-1912)

Algunas de las denominaciones Históricas en los Estados Unidos, viven un periodo muy peculiarmente dramático. No digo crisis, porque las en las  denominaciones  tradicionales,  tienen décadas. Dicen que ha pasado algo similar cada cierta cantidad de años en la historia del cristianismo. Eso pudiera ser una herramienta de consuelo, supongo. Podremos siempre decir, esta crisis pasará,  ganaremos algo o perderemos algo, pero en el camino siempre se aprende.

Justificar la accion de grupos radicales  islámicos, con la costubre de autolesionarnos moralmente porque “tambien ha habido terrorismo cristiano” , las cruzadas,etc.. Condenar  al estado de  Israel, con un nivel de parcialidad ideologica enorme.  Dejarlo en suspenso,  o no sostener  que solamente en Cristo hay salvación, etc. es parte de la corriente de los tiempos y es lamentable. Esto, para algunos son buenas noticias, de progreso y apertura. Para otros, como es nuestro caso particular, representa un doloroso avance hacia una equivocada dirección, un distanciamiento, de denominaciones, que en un par de décadas más no se reconocerán a sí misma, en su teología de origen, en su identidad primera. En este aspecto, no hablamos en uno sino en muchos temas, la proyección teológica general no será más lo que un día fue.

Todo grupo cristiano, ha necesitado de cierto equilibrio, en las políticas sociales, en materia teológica, en proyección ministerial. Por mencionar un ejemplo que nos toca de cerca, la que fue una Iglesia a nuestro modo de ver, tan diversa, con tan buena teología, una de nuestras denominaciones fundadoras, al tratar de ampliar su diversidad, parece perderla a pasos agigantados. Hoy cuando el peso de la balanza provoca, una vez más, la salida y disensión de una no pequeña parte sus miembros. Da la impresión, entre líneas, que si un día un grupo se sintió tenido a menos o discriminado, hoy ante nuevos acuerdos y enmiendas al Orden, deja de serlo para convertirse, exactamente, en su opuesto. Hay  una euforia de vencedores frente a vencidos, que trae al recuerdo el frenesí de aquellos troyanos que al mirar una mañana que los enemigos se habian retirado, interpretaron que aquel enorme caballo de madera sobre la arena, era el trofeo por la victoria, y en euforica celebracion lo entraron por la puerta principal de la ciudad e hicieron fiesta.

En el otro lado, encontramos frustración y desacuerdo como las palabras del día. Me decía un hermano profesor y teólogo Ingles hace unos años: “ya no creen en nada”. Es que la Iglesia se está convirtiendo en una organización secular más, irreconociblemente asimilada, de pura agenda social, quizás con el toque distintivo de aun decir que “Jesucristo es el Señor”. Esto ha removido los sentimientos, y basamentos de fe, de amigos en nuestras congregaciones locales. En los últimos tiempos, hemos tenido largos debates y consultas sobre el tema. Por su puesto, nuestra Iglesia en Tampa, mas alla de sus históricos y vinculantes lazos con Cumberland PC y PCUSA, se mantiene fiel a los principios  evangélicos y  reformados de siempre.

No todos los presbiterianos piensan Igual. Contamos en nuestra teología, con algo que llamamos “la libertad de conciencia”: “Solo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o está al lado de ella en asuntos de fe o de adoración. Así que creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos con respecto a la conciencia, es traicionar la verdadera libertad de conciencia; y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta, es destruir la libertad de conciencia y también la razón”. (Confesión de Fe de Westminster). Por supuesto, y este es el detalle, a la conciencia se instruye, nuestra conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Como cristiano presbiteriano, siempre estuve respondiendo preguntas, pero las de antes eran sobre si habíamos recibido el Espíritu Santo por aquello de ser sobrios y quietos en la adoración, el bautismo de infantes, o el significado del nombre. Hoy, Cada semana, cuando conoces a cristianos de otras Iglesias, y se percatan de que nuestra Iglesia es “Presbyterian”, no entienden si eres de una u otra denominación, a los mismos temas de antes se le suman los de ahora. El genio salió de la botella, quién lo hace entrar nuevamente.

Una de las cosas de las que siempre nos sentimos orgullosos, fue de la buena preparacion academica exigida para nuestros ministros, pero eso representó tambien nuestro “talon de aquiles”, he escuchado a mas de un antiguo pastor hablar sobre esta problematica, reconozco que cuando escuche esta afirmacion no supe en aquel momento cuanta verdad encerraba.  Muchas veces,   nos ponemos a pensar en los tiempos de estudio con añoranza, como los mejores tiempos. Recordar aquellas clases y profesores que te rompían tu mundo de conocimiento obtenido en las aulas de la Escuela Dominical. Aunque en contacto con todo tipo de corrientes de pensamientos,  todos de alguna manera estuvimos expuestos a la teologia liberal, en términos generales, un  método que ha diferencia a la forma conservadora y tradicional de acercarse al texto bíblico iba al contexto social, político, económico,  de un pasaje, un recurso que puede ser util sin lugar a dudas. Algunos, sin embargo,  lo llevaban muy lejos, hasta el rechazo de la doctrina cristiana sobre temas tales como el nacimiento virginal, la resurrección literal, en fin,  la autoridad de las Escrituras. En otros casos, para escandalizar mas, siempre hubo quien identificara a la izquierda internacional como un lugar de la revelación de Dios en la historia, encarnado en todo tipo de movimientos revolucionarios en el mundo. Eso, aclaramos,  aunque en nuestro punto de vista es una blasfemia, no era necesariamente algo malo, no se le debe temer a la opinion diferente, siempre y cuando haya espacio  para la libre discución. Recuerdo algunos debates acalorados entre aquellas cuatro paredes, pero en realidad aquello no era un fin en sí mismo, no seriamos eternamente seminaristas.

 Es en la vida de las Iglesias locales donde se prueba  la eficacia de las  politicas denominacionales

No es buena teologia la que calienta el cerebro y deja frio el corazon. Es cierto que hablar de Dios es emocionante, pero puede resultar todo un desafío. Por ejemplo, como ministros de la Palabra, reconocemos que no siempre decimos sermones profundos y vibrantes, pero se entiende que, a pesar de eso, Dios va a bendecir a la congregación, tanto por lo que decimos, como por lo que dejamos de decir. Siempre el Espíritu Santo hará la obra, ya que la Palabra de Dios lleva poder en sí misma. Claro, siempre se debe tratar a la congregacion con respeto e intertar comunicar potablemente el mensaje de salvacion.

Escuché a un hermano, contar algo muy gracioso, de un joven recién graduado del seminario, que llego a su pequeña y primera Iglesia, diciendo: “Ahora aquí yo traigo conmigo Cristología, Hermenéutica, Escatología…” y se puso en pie una señora mayor y le dijo, “hermano, no conocemos esas enfermedades, pero le aseguro que de todas lo sanará el Señor”. No podíamos, cuando estábamos estudiando, llegar a nuestras Iglesias el fin de semana, donde haciamos la practica pastoral, y soltar una verborrea teológica recién aprendida, a los hermanos y hermanas de aquellas comunidades que nos esperaban ansiosos. La “gracia” no estaba en eso, más bien era la “des-gracia” para un seminarista o nuevo pastor.

Nos sentimos orgullosos de la institución donde estudiamos, y del sistema que implementaba nuestra denominación de una necesaria vinculacion del candidato con la Iglesia local y que creo aun prevalece. Pudimos alternar los 5 años de estudio en esa institucion con el trabajo pastoral, es decir, cada fin de semana, cada tiempo de vacaciones docentes,  tuvimos a nuestro cargo la responsabilidad de atender pastoralmente una congregacion local.  Unos de los campos más alejados donde me toco servir en Cuba, por dos años,  fue en San Antonio de los Baños. Viajabamos cada fin de semana desde la ciudad de Matanzas hasta San Antonio en el sur oeste de la Habana. Ese viaje es de unas 90 millas, distancia que en un automóvil lo puedes hacer en casi dos horas y media. Debido a las condiciones del transporte en el país caribeño, nos tomaba unas 10 horas. Cosa de salir un sábado a las 9 de la mañana del Seminario y llegar a las 5 o 6 de la tarde a nuestro campo pastoral. Una verdadera odisea, no tiene otro nombre.

Aunque a veces nos podiamos tardar ese tiempo,  y pasar imnumerables vicisitudes,  la falta de  agua, alimentacion, e incluso ropa adecuada aunmentaban el desgaste fisico para llegar al campo de trabajo, sabiendo que al dia siguiente o al proximo tendrias que hacer el camino de retorno. Creo solo fue posible porque sentiamos esa voz latina “vocare” que significa Llamado. Siempre lo hicimos con mucha ilusion porque sabiamos que era allí donde Dios nos queria y para lo cual nos estaba preparando. La vida de lunes a viernes  era tan atrayente y confortable que algunos colegas de estudio se preguntaban… y despues del Seminario que?.  Honestamente, ese nunca fue nuestro caso, sabiamos que esa institucion  era solo un lugar de paso y la mejor manera de honrarla  era llevando su nombre a cada lugar donde estuvieramos sirviendo.

Tuvimos buenos profesores, lo cual no quiere decir que siempre estuvimos de acuerdo con lo que ellos decían, aun cuando en aquel tiempo nos faltaba, como hoy, mucho por aprender. Podemos decir, que hubo enseñanzas que fueron verdaderas joyas de sabiduría, otras no tanto, pero útiles en algún aspecto. Hubo cosas que no encontramos útiles o prácticas, no porque vinieran de profesores que no estuvieran bien preparados, sino porque no edificarían la vida de ningún cristiano en nuestras congregaciones, más bien crearían un vacío, promoverían confusión. Las herramientas para construir la esperanza, promover los valores cristianos, y alimentar espiritualmente, a ese nivel congregacional, no siempre son provistas por las instituciones académicas. Pero bueno, ese es el lenguaje en ciertos ambientes, en un aula, a menudo lejos de la verdadera realidad de la gente.  La cuestión,  y es ahí donde está una de las causas del por qué muchos pastores/as no continúan adelante con una vida de Ministerio Pastoral en una Iglesia local, es tomar esa  teoría y  procesarla,  convertirla en alimento espiritual, traducirlo y hacerlo comprensible a la congregación donde Dios nos colocó con un propósito.

Hay que bajar “del balcón al camino”, como diría John Mackay. El balcon no es solo una oficina, puede ser un salon de clases o tambien la reunion de una judicatura superior de la Iglesia,  donde siempre se pasa chevere. Hay que hacer tienda entre la gente y compartir, como hizo Cristo, a largo plazo, ese es el taller donde se prueba la funcionalidad de nuestras políticas denominacionales. Acompañar al pueblo de Dios,  trasciende al estar  en uno u otro lado de la politica, es algo mas profundo que eso. Pululan sectores religiosos,  donde  solo se  habla de  los pobres,  desilgualdades y  marginados, siendo estos “portavoces” del relato,  generalmente gente que  vive o escogio vivir en el primer mundo (o vivien en el “tercero” al estilo del “primero”). Sectores que se hacen llamar  “de izquierda” y  no se han ensuciado nunca los pies por los pobres, al menos en un sentido real porque hacerlo virtualmente no es lo mismo. Ese perjudicial doble discurso, e inconsecuencia,  atiborra a la teologia liberal de hoy haciendola inefectiva en la practica,  frente a otra teologia Cristocentrica  que con menos verbosidad crea sueños y da sentido a la vida de mucha gente (del Norte,  Sur, Este u Oeste)  necesitada de  la Palabra de Dios. Con cierta burocracia y balconeo teológico, estamos en desacuerdo. Es nuestro derecho mostrar inconformidad, sin importar el costo. Ahora bien, debe quedar claro que, que no estemos de acuerdo en algo, no significa ruptura, enemistad, o dejar de reconocer el valor de la otra parte, debemos estar libres de ese pecado. Ante estos retos, es donde debe entrar nuestro amor, para que prevalezca la paz. “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).

Todos estos movimiemtos hacia uno u otro extremo,  teológica y politicamente,  ha provocado disgusto. Hay que entender a aquellos que han tomado la decisión  de estar en contra de las posiciones y las agendas politicas de sus denominaciones. ¿ Si el libro cambia, por qué debo cambiar yo? Es una pregunta que todo pastor que se toma en serio su trabajo, o líder cristiano comprometido en ejercicio de su santo llamado, en denominaciones como las nuestras, puede hacerse y serían válidas. Cuando te ordenaste presbítero, cuando prometiste cumplir el Orden y la Disciplina de la Iglesia, lo hiciste en unos términos, tuviste que estudiarlos, comprobar si venían bien con tu manera de pensar, tu formación, el llamado que Dios te hizo. Algunos procesos para llegar a la ordenación son dilatados y requieren abnegación. Desde que eres un candidato aprobado por el consistorio (o junta en otras denominaciones) de tu Iglesia local, hasta someterse al escrutinio de las diferentes judicaturas y comités, no es un proceso libre de obstáculos. El aprendizaje de los principios y la doctrina de la Iglesia, los exámenes para la ordenación, requeridos por la denominación conlleva trabajo y esfuerzo. Si veinte años después, esos términos cambiaron, y no los compartes ¿por qué tendrías que ser fiel a eso? Tú no cambiaste, tú has sido consecuente con lo que creías. ¿Por qué se te debe exigir aceptar algo que no era así cuando te ordenaste presbítero, o simplemente cuando te recibieron como miembro de la Iglesia?

Le tememos a las preguntas, no queremos que nos pidan respuestas,  por eso es mas facil profesar un cristianismo “Light”

Vivimos tiempos de muchos cambios en la doctrina de las Iglesias, y sobre todo, cambios en la visión sobre la autoridad de las Sagradas Escrituras. Llevamos décadas suavizando nuestro evangelio para no ofender a nadie. Claro está, es muy complicado en estos tiempos, esperar que un cristiano, doctrinalmente, este solo apoyado exclusivamente en una línea de pensamiento determinado. Nuestra retorica a la misma vez que afirma la soberanía de Dios, defiende la libertad del ser humano para escoger su camino. Podemos afirmar que cuando Dios nos llama no hay forma de podernos negar a ese llamado, más en el mismo discurso, podemos terminar diciendo, que uno se puede resistir al Espíritu Santo. Aquello de ser 100 % Calvinista  o Arminiano  es muy complejo hoy día, creo casi nadie es doctrinalmente inamovible.

Sin embargo, hay cosas que están ocurriendo en algunas denominaciones,  que se enseñan, que se creen, o que no se creen, con las que no podemos estar de acuerdo. Son cosas que debilitan al cristianismo, y abren la puerta al enemigo (póngale el nombre que quiera). Los postulados de fe se han diluido tanto, que funcionalmente ya no se sabe ni en lo que se cree. Por ejemplo ¿Cuál es la función de la Iglesia? ¿Llevar a la gente a Jesús para salvación? ¿Cumplir la gran comisión? Bueno, eso ha cambiado mucho, cada uno puede tener la religión que quiera o no tener ninguna, cierto, pero se ha llevado al extremo: “no se puede ser proselitista”, “si el budista puede ser mejor cristiano que el cristiano para qué hablarle de Cristo, a lo mejor se hace cristiano y se echa a perder”, “las verdades bíblicas son relativas”, “algunos libros de la biblia son dudosos en su procedencia e inspiración”, “no hay que insistir en que la gente se convierta, Jesucristo no es el único camino de salvación” . Todo eso escuchamos, y uno se pregunta, cuál es  la exortacion que debemos hacer al mundo entonces. En Lucas 3: 8 se hacia un llamado:  “Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento”, ante un panorama así, ¿de qué tenemos que arrepentirnos? ¿Solo de no cuidar el medio ambiente, no reciclar, etc.?

Hace un tiempo, leí sobre una Iglesia (específicamente de habla inglesa) que estaba buscando un pastor, y tenía la posición puesta en convocatoria. La descripción del cargo, y las expectativas sobre el candidato/a, estaba puesto de una manera, que costaba trabajo saber de qué oficio se trataba, si era una posición para administrador/a de un banco, un contador/a, o un sastre. Sabemos por experiencia propia que hay que estar en este Ministerio listo para todo, pero no se leía nada de cosas que también uno esperaría aparecieran: Comprometido con el anuncio de las Buenas Nuevas, fiel a las enseñanzas de Cristo y la gran comisión, vida de servicio y entrega, pasión por llevar personas a Jesucristo, profunda vida espiritual, etc. Comprensible en parte, porque lo que se necesita hoy, es alguien con la habilidad de enseñar y hacer muchas cosas, sin caer en lo que hoy se consideran “errores” y “vicios” de una “anticuada” y conservadora visión de Iglesia.

Es decir, enseñar las mismas cosas que enseñaron los discípulos en la Jerusalén del siglo I, en contra de la voluntad de las autoridades Judías, fariseos y maestros de la ley, es violentar o irrespetar al otro. “Les dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este Nombre, y han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y quieren traer sobre nosotros la sangre de este Hombre.” (Hechos 5:28) A todas luces, algunos nos podemos sentir hoy cristianos perseguidos.

¿Preferimos pocos, pero buenos?. No es cierto, todos queremos crecer. Esta frase ha sido largamente conocida en nuestro medio, no convence a nadie, hoy es solo un antiguo flaco consuelo, no somos buenos porque somos pocos. Por mi parte que los “buenos” se queden dónde están, allá ellos y su propia justicia. Quizás cuando hemos hablado de “buenos” en el pasado, lo hacemos pensando en que se parezcan a nosotros. La mayoría de los seres humanos tenemos, más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener.

El acumulado deterioro y la crisis de nuestras Iglesias,  el sonido de las alarmas constantes en nuestros oídos, por la ausencia de nuevas generaciones, la merma en la membresía, congregaciones molestas, etc., viene llegando después de décadas de cambio en la visión con respecto a la autoridad de la Palabra de Dios. El fin último de la Iglesia, nos guste o no, no lo estamos consiguiendo. “Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir”. (Salmos 71:18)

 Muchas de esas Iglesias aún pueden seguir funcionando, pagando la factura de la electricidad y el agua, cubriendo sus gastos incluidos los relacionados con el trabajo  pastoral, gracias a una  generación que creyó hace 50 años, por el “libro antiguo”.  Escuchando un estilo sermón evangelistico, o dando un paso al frente, ante un llamado a aceptar a Cristo y a nacer de nuevo,  cuando la Iglesia era “conservadora”,  ellos/as son quienes aún hoy, se han mantenido apoyando a su Iglesia, con su presencia, su ofrenda y sus oraciones. Pero esa generación, no ha tenido relevo.

                                Un evangelio mutilado, disminuye el alcance de la Iglesia

Un querido profesor del Seminario, el maestro Castellanos, siempre nos hablaba de lo que el consideraba un error de la teologia adoptada por la Iglesia Presbiteriana en Cuba (en cuyo pais se vivio lo que llamaron en aquel entonces una revolucion). Decia Castellanos, a un grupo de estudiantes, cosas como  “la Iglesia dejó de hablar de todo lo que representaba el mundo espiritual o el mas alla y solo se hablaba de lo terrenal,  las letras de muchos himnos fueron cambiadas, se quitaron partes que dijeran que un dia  iriamos al cielo con Cristo o cosas por el estilo, eso cercenó el mensaje integral de Cristo y el Evangelio”.  No lo olvidemos, la tendencia de hoy, ya fue experimentada antes y fracasó. Las nuevas generaciones, no llegaran a la Iglesia solo con  el discurso de causas  justas como el  compromiso con la justicia social, el cuidado medio ambiente, la Igualdad de género, etc. Tampoco se podrán abrir nuevas comunidades de adoración, exclusivamente, con ese tipo de libreto. Claro que podemos aprovechar nuestro auditorio dominical, y servirnos del privilegio de un pulpito, para decir lo que sea, pero la gente va a la Iglesia a escuchar otra cosa, ya que en el mundo secular hay profesionales, incluso sentados en los bancos,  que nos superan con creces en esos temas. Las anteriormente mencionadas, son nobles causas, porque nuestro Dios es el “que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido” (Dt 10:18), y la Iglesia no puede renunciar a esta vocasion. Pero presentar solo esto como el rostro de la Iglesia, es mutilar el mensaje integral de Cristo, además, que no necesitas ir a una Iglesia para escuchar estas charlas o comprometerte en la  causa.

Las corrientes seculares continúan moviendo a las Iglesias a ser cada día menos ortodoxas en su credo. Una parte de la “Esposa de Cristo” está tratando cada día, de estar en sintonía con la sociedad, para ser “cool”, y no parecer anticuada o retrograda. Todo esto, con  un desesperado  mensaje de “apertura” y liberalismo teologico, que a la larga, es visto  como anticuado y retrogrado por los mismos sectores que se quiere alcanzar o complacer.  Agnosticos, ateos, humanistas, etc, no quieren que la Iglesia sea mas liberal, quieren que la Iglesia deje de existir por considerarla innecesaria.

El otro dia un hermano sencillo de la Iglesia, no es un teologo, no es un biblista, me dijo: “Pastor, las Iglesias que tratan de ser menos ortodoxas, menos conservadoras, más liberales, mas politicamente correctas, para asi acoger y servir mejor a todos/as, cada día tienen menos que hacer, porque cada día a ellas asiste menos gente. ¿Qué contradiccion  verdad?” Aqui digo como dijo alguien   “la voz del pueblo es la voz de Dios” .

Continuo siendo orgullosamente un creyente Presbiteriano, creo que no hay ninguna otra Iglesia que, en su forma de gobierno,  se asemeje mas al modelo de gobierno  de la Iglesia Primitiva. En tiempos de tantas nuevas “doctrinas” y tantos nuevos “apostoles” de tantos “Dios me dijo”, etc, no he encontrado nada mas fiel a las Sagradas Escrituras que la Confesion de fe de Westmister. Para mi, la Iglesia no es esa estrutura o denominacion, muchas veces politizada,  que esta  “alla arriba” tenga el nombre que tenga. Iglesia son mis hermanos y hermanas con los que me reuno para adorar a Dios cada domingo, con los que estudio las Escrituras, que cantamos y praparamos un programa de Navidad,  que lloramos y reimos juntos siendo verdadera Comunidad.

Asi mismo, afirmamos que el mensaje que debe presentar esta Iglesia hoy, que es con el único que parecera convincente, porque es el propósito de su llamado, el que se ajusta a la Iglesia, es uno y sencillo, el puro Evangelio que es Poder de Dios para salvación:  “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Es un llamado al arrepentimiento, como cuando el profeta de Dios, Juan el Bautista predicaba diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”… Acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”. Tenemos que situar en su lugar al ser humano y hablarde la universalidad del pecado, pero que Cristo tiene el poder de restaurarnos. El mensaje de la cruz es un mensaje de restauracion, de trasformacion y de esperanza. La Iglesia primitiva iba “Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21). Esta continua siendo  la mision de la Iglesia.

Dios les bendiga!

Rev. Alex Sosa

Tampa, Año  del Señor 2014

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