“La música de la Adoracion, es para nosotros o para el Señor”

(Reflexión en un devocional de apertura – taller sobre la Adoración en la Iglesia local)

“David les ordenó a los jefes de los levitas que nombraran cantores de entre sus parientes para que entonaran alegres cantos al son de arpas, liras y címbalos” 1 Crónicas 15:16

“No tengo ninguna objeción a los instrumentos de música en nuestras capillas, siempre y cuando ni se oigan ni se vean.” John Wesley

Estos son temas prácticos de la vida pastoral, dilemas viejos, con los que hay que lidiar cuando se vive en medio de una comunidad cristiana a largo plazo. Desde el año 1996,  cuando me vi por primera vez, siendo un candidato al Ministerio Pastoral, al frente de la Adoración Publica y el ministerio de la Palabra en una congregacion, he acumulado insatisfacciones y opiniones de los hermanos/as de la Iglesia sobre este tema, el cual nos estara ocupando en esta mañana.

 Además de una referencia en el libro primero de Crónicas, a la adoración en el culto hebreo, he querido comenzar con esta frase de Wesley el gran fundador del Metodismo y su opinión, por solo citar un ejemplo, de cómo concebía la Adoración en la reunion del Pueblo de Dios.

El tema de la Música que debemos tocar y cantar en la Adoración es recurrente, las opiniones diversas. Tanto es así, que hubo un tiempo en que, de tanto escucharlo, llegue a creer que si lográramos tener una buena banda musical, la Iglesia se nos iba a llenar de gente de tal manera que tendríamos que poner más asientos. El modelo de las Iglesias llamadas “históricas” como la nuestra donde, aunque se han incorporado otros instrumentos musicales, se utiliza órgano y piano principalmente, hoy pudieran estar corriendo la misma suerte que corrieron los dinosaurios.

La música es importante, es un componente esencial en la vida de los seres humanos. Si vamos a la Biblia, encontramos aquel relato donde el “prudente y hermoso” hijo de Isaí tocaba el arpa, y el rey Saúl sentía alivio de aquel “espíritu malo” que atormentaba. Estoy seguro que muchos hermanos y hermanas de la Iglesia, tienen experiencias semejantes ante una buena interpretación musical en nuestra Adoración Divina. No obstante, donde no nos ponemos de acuerdo, es en el tipo de música que nos gustaría tener en la Iglesia.

El problema histórico para nosotros los cristianos Reformados, es que en los inicios del presbiterianismo, como aun hoy día en algunas denominaciones, no estaba permitido el uso de instrumentos musicales en la liturgia del Día del Señor. Esto tenía un basamento bíblico, ya que no hay ninguna referencia de que en la Adoración, de cualquier iglesia del Nuevo Testamento, o de la era apostólica, se usaran instrumentos musicales.  Como cristianos no queremos hacer cosas que  “funcionen”, sino cosas que tengan resplado biblico.  La más Antigua referencia a instrumentos musicales, en la liturgia cristiana, fue hacia el siglo VI, dC, y no se generalizo hasta después del siglo VIII. Podemos imaginar, que un movimiento que reclamaba beber para su doctrina en la pura Palabra de Dios, tenía que honrar esa práctica de la Iglesia Primitiva.

Queremos dejar eso claro, que el hecho de los presbiterianos hayamos prolongado el instrumentar demasiado la música en el Culto, ha tenido un trasfondo bíblico. Entiendo, que hoy los músicos cristianos acompañados de bandas están de moda y son verdaderas estrellas para sus seguidores, quienes van a las Iglesias atraidos mas por la musica que por escuchar la Palabra. Como un comentario marginal, debemos decir, que hemos tenido aqui, en los ultimos años, muy buenos musicos, grupos y solistas cristianos visitandonos y ha sido verdaderamente una fiesta del Espiritu, además lo han hecho de manera voluntaria y siempre han estado dispuestos a regresar porque saben a que Señor sirven.  Sin embargo, recuerden que no hay en el Nuevo Testamento indicios de ningún instrumento musical. Pablo, Apolo, Cefas, etc. no necesitaron “ayudar” la liturgia en el dia del Señor con un grupo  de alabanza.  Por otro lado, tenemos además el Antiguo Testamento y ahí encontramos el culto judío donde se invitaba a alabadle con salterio y arpa, con pandero y danza; con instrumentos y órganos, etc. Pero de ese Culto Judío tomamos lo que nos parece, porque también están presentes los sacrificios de animales, la quema de incienso, etc., sin embargo decimos que eso no, porque pertenece a la Antigua Alianza. Pues todo parece, según los datos, que en la “Nueva Alianza”, el culto fue bien silencioso y tranquilo.

Dice 1 Corintios 14:40 “Hágase todo decentemente y con orden”, cuánto nos gustaría saber a ciencia cierta lo que estaba pensando el apóstol Pablo, aunque por el contexto sabemos que hablaba del tema de las lenguas, los desbordes de emoción humana que acompañaban esas señales, las cuales Pablo consideraba no esenciales ni edificantes para la congregación. Ciertamente cada uno de nosotros tiene su propia opinión, sobre el significado de “decentemente y con orden”.

Recuerdo hace ya algunos años cuando íbamos eventos donde participaban hermanos de otras Iglesias, ahí veíamos lo que antiguamente llamábamos coritos, que desbordaban alegría y júbilo. De paso, el mensaje subliminar era que la única contribución que podían hacer nuestros hermanos carismáticos era alegrar un poco el evento, lo cual reducía y minimizaba su aporte, opacando el discurso incluyente y plural del mundillo ecuménico. Pero bueno, cuando llegábamos a nuestras Iglesias locales, era como si aquella “pausa luminosa” nunca hubiera ocurrido.

Este es el dilema de muchos pastores/as, que se debaten entre las diferencias de opiniones en este aspecto dentro de la Iglesia local. El amor por los nuevos ritmos incorporados a la liturgia es tan irresistible, que en algunos lugares que he estado, me he dado cuenta, que el pensamiento teológico de la gente, no va con la teología de los himnos que cantan. Es una música contagiosa, tan así que no nos da tiempo a reflexionar en lo que estamos cantando. Ese es el problema, un día nosotros aprendimos en el seminario que los presbiterianos cantamos nuestra teología. No se trata de si cantamos cantos más alegres o más solemnes, con maracas o con güiro, sea quien sea el cantante o el ritmo, es simplemente, repito, cantamos nuestra teología.

Ahora bien, a mí me gustan los instrumentos musicales, bien tocados, en el culto, creo que no ofendemos a Dios siempre y cuando la centralidad la tenga la predicación de la Palabra. El hecho de que el Nuevo Testamento no prohibiera explicitamente el uso de instrumentos musicales en la liturgia, ofrece un importante indicador para sostener que se pudieron seguir utilizando. Ademas, las Iglesias reformadas que solo cantan Salmos a capella, olvidan que los salmos fueron escritos para ser interpretados con instrumentos musicales, muchos mas de lo que muchas de nuestras Iglesias usarian hoy.

Sé que nuestra Iglesia local, por mucho tiempo, no se ha sentido lista para el uso de algo diferente a nuestro órgano y nuestro piano. Por eso hemos comenzado un proceso, en el cual vamos creando espacios para que otros hermanos/as, que van llegando, puedan aportar sus dones musicales en la liturgia, que también es un servicio a Dios. Un proceso, es un conjunto de transformaciones o cambios a través del tiempo, a los que no podemos cerrar la puerta. El problema no está en cómo cantamos, sino en qué cantamos. No tiene que ver tanto con el ritmo, tiene que ver con la letra.

No mencionaré nombres de himnos aquí, no quiero herir susceptibilidades, sé que ustedes mis hermanos y hermanas tienen sus preferencias en este librito que algunos llaman “coritario”, pero yo les invito a que dediquemos algunas de nuestras reuniones, para estudiar las letras de las cosas que cantamos. Ese es un primer paso, después veremos que ritmo le ponemos a lo que cantamos, por qué creemos que un ritmo o instrumento determinado puede ser irrespetuoso en la Casa de Dios.

Cada uno de nosotros tiene una manera en la que le gusta alabar al Señor, tenemos derecho a hacerlo como nos guste, eso es personal. Pero como responsable de la Adoracion en la Iglesia, no les puedo prometer que seran siempre complacidos en sus gustos y preferencias con respecto a la musica. Eso si, es mi deber, como pastor, hacerles pensar y provocarles,  siempre a la luz de la Palabra, a sabiendas de que nosotros somos parte importante del culto, pero el objetivo final de la Adoración, no es usted ni soy yo,  es Dios.

En el Amor del Señor, Rev. Alex Sosa

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