Nuestro Señor Jesucristo no desprecio ninguna oportunidad para recibir, capacitar y enviar a cada hombre o mujer que encontró en el camino, durante su ministerio terrenal. Dentro de sus filas conto con todo tipo de personas, las cuales al ser impactadas por su mensaje, sus vidas fueron trasformadas y se convirtieron en instrumentos eficaces en la expansión del Reino. Las mujeres, no estuvieron nunca excluidas en el discipulado, sino todo lo contrario. Esto hacia que el movimiento de Jesús y las características de su ministerio, se distanciara de otros grupos Judíos como fariseos, esenios etc. que sí eran más excluyentes en este aspecto, marcados, por supuesto, por la cultura de la época.

El evangelio de Lucas dice literalmente, lo que la versión Reina-Valera 1960 subtitula como “Mujeres que sirven a Jesús”, que “aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”. (Lucas 8:1-3)

De esta cita, se desprende lo que decíamos, las mujeres estaban, junto a los 12, siendo parte importante, en el ministerio de Jesús de Nazaret. Pero… ¿quiénes eran estas discípulas de Jesús que menciona Lucas?

En los textos que están fuera del canon del Nuevo Testamento se suelta la imaginación, sin embargo lo que nos interesa no es el texto apócrifo, sino lo que la literatura inspirada, que es parte de nuestro libro sagrado, la Biblia, dice. Una discípula es Juana, mujer de un alto funcionario de Herodes, esta mujer de seguro ostentaba una posición social elevada, lo cual indica que la influencia de Jesús no estaba sujeta a una clase social determinada, había gente pobre y marginada, pero también personas de buena posición económica y social. Otra discípula es Susana, pero a ella no se le vuelve a mencionar en el evangelio. Por lo tanto no se sabe más de ella.

La restante mujer mencionada por Lucas, el autor humano de este evangelio, es María Magdalena, de la que sabemos un poco más que su nombre, sin embargo, es uno de los personajes bíblicos de los que más se ha hablado y especulado de la historia. Sabemos era de Magdala ciudad cercana a Nazaret.

Es precisamente Lucas, el único que después de la resurrección, no la pone como la primera en ver a Jesús, sino que nos narra primero como Jesús se presenta a los dos discípulos que van camino a Emaús. Sin embargo los restantes evangelios ponen primeramente a la Magdalena como a la que Jesús “se presentó”. Marcos por ejemplo dice “Y después de haber resucitado, muy temprano el primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena” (Marcos: 16:9). Mateo, nos narra que “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro.” Cuando tuvieron el encuentro con el ángel que anuncia lo sucedido, luego Jesús mismo se les aparece mientras ellas se alejaban del sepulcro con “temor y con gozo” (Mateo 28).

Por último, en el Evangelio de Juan es igualmente ella, la Magdalena, quien es la primera en tener esta experiencia con el resucitado y es quien lleva el anuncio a Pedro y Juan (Juan 20:1-18). ¿Quién fue en realidad esta mujer, la primera persona con la que se encontró el Cristo resucitado?

Para mirar un poco de lo que el Nuevo Testamento dice de ella, vamos a ver cuáles son los otros pasajes en los que se le menciona directamente. Ya vimos además en Lucas 8:1-3. Que a nuestro Señor «Le acompañaban los doce y algunas mujeres: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios…” es decir que de ella salieron 7 demonios. Los evangelios proporcionan otra información importante sobre María magdalena, ella estaba en el lugar donde Cristo estaba siendo crucificado. Además de ser una testigo de la sepultura de Jesús, “Y María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro. (Mateo 27:61) “y María Magdalena y María la madre de José vieron dónde lo pusieron”. (Marcos 15:47).

Se ha polemizado tanto sobre esta mujer, se le ha puesto todo tipo de nombres, sin embargo estos son los únicos pasajes en los que se está hablando y mencionado a María Magdalena concretamente. Hay otras mujeres en los evangelios, incluso otras llamadas María, pero esta se distingue de la demás como Magdalena, así como Jesús era llamado “el Nazareno”.

A hora bien, es sabido que se le ha identificado con otros personajes. La mujer adúltera, sorprendida en el acto, a la cual los fariseos querían aplicarle lo que la ley decía, en ese momento no se menciona el nombre de esa mujer, ni ella dice mucho más si misma, sino solo responde a las preguntas de un Jesús que es toda misericordia y compasión. De la misma forma es, más enfáticamente, identificada con la mujer pecadora perdonada por Jesús, que unge con perfumes  los pies del Señor, antes de su llegada a Jerusalén, pero el nombre de esta tampoco es pronunciado aquí, Lucas 7:36-50.

La única manera, por la que esta identificación pudo ser posible, es por la cercanía que este pasaje tiene con Lc. 8, 1-3 que citamos en el segundo párrafo. En el evangelio de Juan aparece también este acto de ungimiento de Jesús, pero es realizado por María de Betania hermana de Lázaro y Marta. (Juan 12:1-8) hay quienes creen que se trata de la misma comida que narran los otros evangelios para ir a Jerusalén.

La identidad de María Magdalena como María de Betania y «la mujer quien fue una pecadora» fue establecida en un sermón que el papa Gregorio I dio en el año 591. Esto carece de sólido basamento bíblico, se necesita algo más que conjeturas para una afirmación de este tipo.

Como creyentes, no tenemos problemas con la idea de que Jesús insertara en su círculo a pecadores arrepentidos, se sabe que a sus seguidores nunca se les cuestiono su pasado, sino que Jesús se concentró en su futuro. La samaritana en Juan 4, 5-42, por ejemplo, es otra mujer de la Biblia. De ella si se provee información, más de la cuenta, pudiéramos decir, esa frase “no tengo marido” con la correspondiente sentencia de Jesús, le pusieron sello a su reputación pasada, pero lo importante es que hubo un antes y un después, desde el momento de su encuentro con el Salvador. Todo esto culmina en una mujer que pasa de ser una simple “samaritana” a la mujer que después de conocer a Jesús, dejó su cántaro, se fue al pueblo y anuncio a la gente quien era el Cristo.

Como con cada uno de nosotros hoy, Jesús es el que borra nuestras rebeliones y quita nuestro pecado, Satanás no tiene poder sobre nuestro pasado, Cristo pago la deuda. Los sentimientos religiosos fariseos de la gente de hoy, pide castigo para el pecador, practicando una justicia muy a su conveniencia. Sin embargo, los creyentes conocemos ese pasaje de 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es ; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. Así que, que María Magdalena haya sino una prostituta, si el Señor la perdonó, ella fue hecha nueva, como Levi, como la mujer adúltera, como el criminal que estaba a su lado en la cruz, etc. Pero mis hermanos y hermanas, la cuestión aquí es, que no hay un ápice de evidencia genuina, para tan mala reputación, se trata de hacer Justicia a través de la verdad bíblica.

Por último, si no es la pecadora señalada por el papa Gregorio I en el 591, queda abordar cuáles serían los 7 demonios. Ya que entre los discípulos y aquellas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades, se encontraba la Magdalena de la que salieron, no uno, sino siete demonios.

La opinión más generalizado hoy, y me incluyo en ese consenso, es que María Magdalena era una mujer muy afligida, antes de conocer a Jesús. Sugerir que era una mujer depravada o de vida desordenada por el hecho de estar poseída por siete demonios, es afirmar un demonio es equivalente a depravación sexual en la biblia.

El siete es un número muy simbólico, lo que implica que el sufrimiento de María era extremadamente grande y angustiante. Pudo sufrir de periodos de locura, problemas de su sistema nervioso, pudo haber sido víctima de la epilepsia. Cuando pienso en el primer encuentro de Jesús con esta mujer, me viene a la mente el pasaje que describe a Jesús en el país de los Gadaremos, y su encuentro con el endemoniado, al que le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos, se hería su cuerpo, no se ponía ropa, etc. Esa es la imagen que viene a mi mente, al pensar en la Magdalena antes de conocer a Jesús. Una posesión demoníaca puede afectar la mente de una persona, pero no necesariamente afectara su moral.

Lo más importante de esta historia, es ver a María Magdalena como una mujer, que agradecida, salió de su casa en Magdala para seguir a Jesús. Su ejemplo hoy, nos dice que debemos hacer lo mismo. No termina con la aceptación nuestra carrera cristiana, sino que comienza para nosotros una emocionante aventura.

Dios le continúe bendiciendo,

Rev. Alex Sosa

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