Hace poco hablábamos de la sensación de la presencia de Dios en nuestras vidas. Haciendo referencia al Salmo 42, donde el salmista se siente abandonado por Dios. Lo cierto es que la presencia de Dios en nuestras vidas no depende de cómo nos sentimos, de tener o no la sensación de que Dios está o no esta, estos sentimientos pueden ser multifactoriales, ya sea por cansancio, tristeza, enfermedad etc., como cristianos debemos saber que Dios está por encima de todo eso.

Los seres humanos estamos acostumbrados a confiar demasiado en nuestra intuición, en las circunstancias, o en nuestras emociones. Por ejemplo, yo puedo suponer la hora exacta del día, por medio de mi fatiga, si tengo ganas de comer, por la intensidad de la luz, etc., o yo puedo, objetivamente, mirar un reloj. Así mismo, cuando vamos a describir nuestra situación espiritual, muchas veces miramos a nuestros sentimientos y emociones los cuales pueden ser una regla inexacta para “medir” nuestro estado espiritual o nuestra comunión con Dios.

Muchas personas tienen una gran “sensación” de la presencia de Dios en un concierto de un músico cristiano de renombre, salen de un concierto llenos, renovados; pero no sienten lo mismo en la soledad de su hogar leyendo un salmo de alabanza a Dios. Eso es porque confiamos en que nuestras emociones son el catalizador perfecto para medir nuestra vida espiritual.

Proverbios 3: 5 dice No confíes en tu propia prudencia, o lo que es Igual, en tu propia comprensión o entendimiento.

Muchos grupos religiosos que hoy carecen de sana doctrina, entretienen, y emocionan a sus seguidores, y ponen en ellos falsos sentimientos de plenitud espiritual, con técnicas motivadoras, y promesas de prosperidad. Esa táctica muy efectiva dependiendo de la capacidad del motivador, mantendrá a las personas con sensaciones de fe y felicidad que no es que sean malas en sí mismas, pero son en su mayoría emocionalismos vanos que dejan fuera lo esencial.

Esto no quiere decir que un cristiano deber reprimir sentimientos y emociones. Nuestra adoración a Dios, de hecho, tiene componentes emocionales, de gozo, tristeza, quebrantamiento, etc., pero la vida cristiana no se trata de ir saltando de una instantánea emoción a otra, como muchos de los formatos de las modernas congregaciones “carismáticas”, donde la motivación principal parece ser alcanzar un alto nivel de emoción humana. ¿Cómo ayudaría esa práctica a largo plazo a un creyente?

Mi fe confianza en Dios, mi fe, no pueden depender de que tengo que estar constantemente asistiendo a “festivales” de Milagros. Dice la Palabra que la fe es la evidencia de lo que no se ve, si yo tengo que ver un milagro para creer, entonces como se llama eso? Por supuesto que como creyentes creemos que Dios tiene el poder de hacer milagros, pero los milagros fueron un aspecto muy puntual en el ministerio de Jesus y muy especificos en la vida de la Iglesia primitiva. Un milagro va, por supuesto, a alteral mis emociones (aunque no permanetemente). Muchas hermanos y hermanas cuando no estan participando en un culto de “sanidad” en alguna Iglesia, lo estan mirando en  youtube, es que lo necesitan para poder creer, para activar sus motores espirituales.

Lo que altera MIS EMOCIONES NO necesariamente cambia mi vida.  Lo que cambia mi vida es la Palabra de Dios. Bienaventurados los que no han visto y han creído. Nuestra fe debe estar basada en la Palabra de Dios, no en las arenas movedizas de nuestros sentimientos. Nuestras emociones fluctúan, dependen de como tengamos el día, dependen del líder, del motivador, del conferencista, en cambio, la Palabra de Dios es como la roca.

La única manera de que alguien pueda llegar a ser un cristiano maduro, es no interpretando sus sentimientos y emociones como respuestas o confirmaciones de parte de Dios, sino aferrándose a la Palabra.

Cuando Jesús alimento a una multitud, le seguían y le buscaban por todos lados porque se sentían “satisfechos”. Corrían detrás de él porque sabían que si había hecho aquel milagro podía darles mucho más. Cuando lo encontraron, Él los regaño. No deben de poner su atención en lo que perece sino en lo que no perece, la vida eterna (Juan 6:27).

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él”

Jesús nunca nos decepcionara, pero si usamos nuestras emociones y sentimientos para medir nuestro nivel de comunión con Dios, la decepción nos seguirá a todas partes, sin importan cuanto tiempo llevemos tratando de seguirle. Nuestra confianza esta en Dios“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros–declara el SEÑOR– “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza. (Jeremias 29: 11)

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”. (Proverbios 3:5)

Que la Paz del Señor este con ustedes,

Rev. Alex Sosa

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