“29 Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron hacer, se ahogaron. 30 Por la fe cayeron los muros de Jericó, después de ser rodeados por siete días. 31 Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en paz. 32 ¿Y qué más diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; 33 quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, obtuvieron promesas, cerraron bocas de leones, 34 apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada; siendo débiles, fueron hechos fuertes, se hicieron poderosos en la guerra, pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. 35 Las mujeres recibieron a sus muertos mediante la resurrección; y otros fueron torturados, no aceptando su liberación, a fin de obtener una mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y hasta cadenas y prisiones. 37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabras; destituidos, afligidos, maltratados 38 (de los cuales el mundo no era digno), errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra.”  (Hebreos 11: 29-38)

 

Si a varias personas les pidieran explicar lo que es la vida cristiana,  las respuestas variarían más de lo que imaginamos. Mucha gente, por desconocimiento, cree que se trata de una vida muy tranquila, llena de recompensas terrenales y felicidad. No digo que no nos sintamos felices por disfrutar de las bendiciones de Dios, pero que quienes somos cristianos sintamos el gozo de la Salvación,  no quiere decir que no transitemos por los tiempos difíciles de la vida. Cuando alguien comienza a dar los primeros pasos en  la fe, ignora muchas cosas. Cuando va madurando,  se percata de que la idea que uno tenía de la vida cristiana y  de la fe, muchas veces no era la  correcta. Aunque lo esencial nunca cambie, los años y la experiencia van transformando muchos de nuestros conceptos. Más aun cuando leemos las noticias de estos días, sobre los grupos terroristas Islámicos que arremeten sin piedad contra nuestros hermanos cristianos, en Iraq principalmente, pero también en otras partes del mundo.

Les invito que miremos este pasaje bíblico de  Hebreos. Mucho hemos estudiado este peculiar tratado teológico en nuestros Estudios Bíblicos.  Aunque su objetivo no difiere mucho del de la mayoría de los escritos del N.T., animar a los creyentes en la fe, la comunidad de los Hebreos enfrentaba el peligro inminente del retorno al Judaísmo, de aquellos que habían aceptado a Cristo como el Mesías.  A ellos se les presenta esta excelente porción de la Palabra,  sobre el verdadero significado de la fe.

La vida cristiana no siempre es esa Imagen, bonita y luminosa, de ir conquistando y venciendo tempestades heroicamente, a veces duele,  y uno tiene que echar mano de muchos recursos espirituales para no, como dice la Carta,   “desechar, pues, nuestra confianza” (10:35; – 2:1; 4:14).

Es famosa la letra de una canción que dice:  “Tres cosas hay en la vida: Salud, dinero y amor. El que tenga esas tres cosas, que le dé gracias a Dios”. Lamentablemente la vida cristiana no siempre traerá esto, y lo mas importante, no será a causa de nuestra falta de fe. La predicación de la Palabra en muchos pulpitos hoy es que, viviendo en la fe, una vida sin dolor está garantizada. Los últimos versículos de nuestro texto central, es una invitación a que cristianos maduros, entiendan de que se trata.

En el texto que acabamos de leer vemos  que  por medio de nuestra fe Dios puede irrumpir en nuestra vida y la vida de un pueblo y realizar actos milagrosos, prodigios y señales. ¿Cuántas cosas hizo Dios? En el verso 29 nuestro texto se refiere, por ejemplo, a la división del Mar Rojo, algo que fue en contra de las leyes de la naturaleza,  es decir, algo sobrenatural y además espectacular. El versículo 30 continúa por esa misma línea diciendo que “por la fe los muros de Jericó cayeron”, si, las mismas murallas altas que tenían la función de proteger frente a un ataque enemigo, simplemente se cayeron. “y para que’ contar”,  agrega, poniéndolo en versión popular,  el autor de Hebreos.  Así,  en todos los casos aquí el pueblo de Dios fue ayudado o rescatado del peligro o la muerte. En otras ocasiones, según la Epistola, no son exactamente milagros como un mar que se abre, muros que caen, etc. Sino que hubo quienes, de manera menos espectacular, igualmente sintieron el actuar de Dios a través de la fe, trabajando en su favor. “por fe conquistaron reinos,  hicieron justicia, alcanzaron promesas”.

Del 35 al 38 el tono cambia, ¿a qué se debe esto?  La fe era misma, el poder de Dios era el mismo, pero no hubo milagros para librar del sufrimiento a los que tenían fe; los versos 36 y 37 muestran una escalofriante sucesion de hechos,  donde todo fue dolor. “otros fueron torturados… Y otros experimentaron vituperios y azotes, etc.” Toda esta miseria se recibió y se sufrió por la fe. Cuantas “elocuentes” predicaciones basadas en Hebreos 11, hemos escuchado, que  dejan fuera estos aparentes “confusos” versículos…

El punto es mis hermanos y hermanas, que a veces por la fe Dios sostiene a su pueblo a través de sufrimientos y no siempre hace milagros y actos de la providencia para salvar a su pueblo.

Conviene que hagamos un paréntesis y anotar que Hebreos aunque a veces se le llame “Carta” no lo es en su estructura. No posee la estructura tradicional del genero  epistolar, en cuanto a remitente, destinatarios, saludos, etc. Más bien es un tratado teológico o un sermón dirigido, nada más y nada menos, que a los descendientes de quienes escucharon a los profetas (Heb 1:1). A ellos se les estaba diciendo que la revelación de Jesucristo era superior a cualquier revelación del pasado. Algunos de ellos estaban experimentando pruebas y sufrimientos a pesar de que eran obedientes a la fe.

Espera… ¿entonces por qué escuchamos tanto por ahí, que tener fe es lo que determina si usted sufrirá o si usted escapara del sufrimiento? Realmente no es nuestra fe la que determina eso  sino la voluntad,  la sabiduría y el amor soberano de Dios.

Por muchos años hemos escuchado ese argumento, y ha sido una gran carga para muchas personas. Dios nos puede ayudar y dar fortaleza en el sufrimiento, nos saca del sufrimiento con milagros o actos de provisión,  pero eso está completamente en sus manos.   Es un gran alivio saber que hay una explicación más profunda para mi dolor o el dolor de un ser querido de que si tengo suficiente fe o no. Existe la historia de aquel niño al que le fue dicho por su padre: “si oras con fe Dios sanara a mama”. Cuando Dios determino llevarse a la madre, el niño vivió con la culpa de que su fe no fue suficiente para que Dios hiciera el milagro.  ¿No sería horrible para nuestros hermanos en el medio oriente, que son masacrados por su fidelidad a Cristo,  tener que creer que eso les está pasando porque les falta la fe?

Ayer estuve visitando a varias personas de la Iglesia en el St. Joseph Hospital, hoy aquí tenemos hermanos que están valientemente soportando enfermedades muy peligrosas.    No vamos a asumir que en esta iglesia sufren los que no tienen fe. ¿O sí?  Voy a ir al cuarto de hospital y les voy a decir a ellos/as “Si tuvieran  fe…”?   No, a nuestros hermanos les tenemos que decir, más bien, “Confíen en Dios, porque ya sea que  vivas por la fe,  o sufras por la fe,  Dios se hará cargo de los que confían en él.

Dios es fiel. Cuando estas en las buenas, en la salud, en la prosperidad, rodeados de amigos y el aplauso del mundo, su Palabra te recuerda que Dios es mejor que todo eso. Si estas en la enfermedad, preocupado por tu futuro, temiendo por tu vida,  aun cuando todo parece perdido, la Palabra te recuerda que Dios es mejor que todo eso.

En otras palabras, la fe es enamorarse de todo lo que Dios prepara para nosotros más allá de esta vida. La fe ama a Dios más que la vida. La fe ama a Dios más que a la familia. La fe ama a Dios más que el trabajo, o construir la casa de sus sueños.  La fe dice, ya sea que Dios me lleve en prosperidad o que ande por valle de sombra de muerte, no temere, lo amare siempre porque  Él es mi recompensa.  Dios es mejor que lo que la vida nos pueda dar o de lo que la vida nos pueda quitar mis amados/as.

Si eres un cristiano una cristiana que hoy estas sufriendo, piensa que Dios no te abandona. Él está adornado el mundo con tu testimonio. Él es tu fortaleza. Los que aman a Dios más que la vida y sufren  a la espera de algo mejor que lo que puede ofrecer esta tierra, son valiosos, son  grandes regalos de Dios para el mundo.

“Encomienda a Jehová tu camino,  confía en él y él hará”.    (Salmos 37:5)

 Rev. Alex Sosa

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