Desde el final del capítulo 24 de Mateo, el tema del capítulo consiste en la expectativa del retorno del “Hijo del Hombre” y la consumación del Reino de Dios. Mateo narra la necesidad de estar preparado y a la expectativa de un retorno  que ocurrirá, no en nuestro tiempo, sino en el tiempo de Dios. (En el tiempo de Dios, ya que por ahi anda una falsa secta proclamadora del ” viene pronto” desde 1879). Aunque lo estamos leyendo en Mateo, debemos saber que los evangelios de Marcos y Lucas también recogen con precisión el contenido del capítulo 24, antecedente y clave indispensable para comprender el pasaje.

 Los 13 primeros versos del capítulo 25, se dedican a la Parábola de las 10 vírgenes, continúan relacionados al mismo tema. Las muchachas necias no están preparadas y las sensatas fueron aquellas que llevaron provisión de aceite suficiente, aun cuando la espera se prolonga, porque no se sabía el día ni la hora.

 Comienza nuestra parábola diciendo: “Porque el reino de los cielos es como…” Mateo 25:14-30

 Jesús ha estado por tres años enseñando, su hora llegaba, y él había comenzado una misión. Tres años parecía suficiente para Jesús conocer y probar los dones de cada uno de los discípulos.  No todos tienen los mismos dones, pero todos tienen dones. Así que como el hombre que se fue lejos y llamo a su siervo, el Hijo del hombre entregó a cada uno de sus discípulos algo que debía hacer.

 Lo primero que nosotros debemos a analizar el significado del “talento” (los Bienes) que se van a entregar a cada uno de los siervos en la parábola.

 Para eso es útil hacernos algunas preguntas, tales como ¿Qué representan los talentos en los tiempos bíblicos? ¿Significará lo mismo que para nosotros hoy? El talento era un peso específico en  plata, era dinero. Entonces, antes de pensar lo que Jesús le está diciendo a usted y a mí en esta mañana, pensemos, o más bien pongámonos en el lugar de aquellos discípulos que están allí, escuchando aquella parábola. Repito, este ejercicio es importante hacerlo antes de “saltar” al día de hoy e interpretar el texto.

 Si les preguntáramos a algunos hermanos y hermanas sobre sus talentos, se adelantarían a enumerar todas sus habilidades naturales: Se cocinar, puedo cantar, se administrar, etc.  Pero… ¿significaba eso “talento” en  los tiempos bíblicos?

 Un talento es sin duda algo que se nos da, pero que no es un don natural que poseemos. Les invito a que leamos el primer versículo: “Porque será como cuando un hombre que yéndose lejos llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.” Es decir,  este señor de la parábola entrego algo que le pertenecía, “sus bienes”. Pero no fueron entregados “por la libre”, como diríamos en mi país, sino que dice la Palabra en el versículo siguiente que: “A uno dio cinco talentos, a otro dos, ya otro uno, a cada cual según su capacidad.” ¡Los talentos no son habilidades naturales que poseemos!,  sino que se nos entregan según las habilidades (capacidades, dones) que poseemos.

Entonces, según el texto, sabemos además que es algo que puede ser ya bien invertido, o guardado. En el contexto empresarial, la inversión es el acto mediante el cual se invierten ciertos bienes con el ánimo de obtener unos ingresos o rentas a lo largo del tiempo. La inversión se refiere al empleo de un capital en algún tipo de actividad o negocio, con el objetivo de incrementarlo. Dicho de otra manera, consiste en renunciar a un consumo actual y cierto, a cambio de obtener unos beneficios futuros. Ver  (wikipedia.org/wiki/Inversión).

 Invertir algo o en algo,  tiene la posibilidad de producir ganancia o pérdida, por ende, es una tarea muy arriesgada. Es por eso, que aquel que por sus habilidades naturales recibió un talento, decidió no correr riesgos, guardarlo muy bien y no invertirlo.

 El regalo único que es el talento, es el equivalente a una oportunidad maravillosa en nuestra vida, que hay que saber qué hacer con ella en el momento que se recibe. Los dones son las habilidades naturales que recibimos, todos las obtenemos, no importa si eres bueno o malo, fiel o infiel, justo o injusto.  Los talentos por el contrario son las oportunidades que, por voluntad de Dios y no del ser humano,  se nos presentan en la vida  para ejercitar esos dones. El otorgar esas oportunidades es solamente una capacidad de Dios. Esas “oportunidades” (talentos) no dependen de nuestra capacidad: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”. (Romanos 9:16).

 Si tomamos la oportunidad que Dios nos da o no, si invertimos o no, ya depende de nosotros.  Ahí tenemos un pequeño “libre albedrio”, noten que el último hombre de la parábola le dijo a su señor: …por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra… La respuesta del señor nos pudiera parecer muy dura, pero lo que si queda claro es que habrá una rendición de cuentas al final por talentos no invertidos.

 ¿Cuál es el mensaje final de Jesús en esta historia?

 Dios quiere que arriesguemos.  No importa que implique un peligro, es la única forma de crecer. Qué oportunidades Dios nos está dando ahora mismo como comunidad cristiana, como individuos, que  por miedo a perder no la estamos realizando? Qué pide Cristo de nosotros hoy, qué estamos haciendo para ejercitar nuestros dones. Él quiere que lo hagamos en el terreno, no solo en las redes sociales, en talleres, reuniones y eventos donde el ambiente es seguro y luminoso, no, él quiere que salgamos y arriesguemos de verdad.

 Que la paz de Señor nos acompañe y guie en el camino!

Rev. Alex Sosa

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