Jesús y Zaqueo

Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19: 1-10

Lucas, uno de los compañeros de viaje de Pablo y autor de este evangelio, a diferencia de Marcos y Mateo, escribe para una audiencia gentil. El autor trata en su Evangelio un tema que también es parte este texto, y es el de la riqueza (ricos y pobres). Se ha escrito mucho sobre este tema, lamentablemente, no hay unanimidad entre los intérpretes. De hecho, “los pobres” han sido interpretados de diversas maneras, como los piadosos, aquellos que no pertenecen al establishment religioso, los discípulos fieles que han renunciado a las posesiones mundanas, los que son realmente desamparados, los que sufren, particularmente a los perseguidos por causa de Cristo. Una Cosa si queda clara para nosotros, cuando Lucas enfatiza en la persona de Zaqueo y en lo que él representaba en la conciencia de su pueblo, nos dice que la riqueza de Zaqueo es condenable por el método en el que fue obtenida. En nuestro paso por esta vida, hay cosas que podemos sortear o esquivar, otras no. Hay cosas que tenemos que enfrentar que van con nosotros a la cama y con nosotros se levantan, nos siguen como nuestra propia sombra.Un asunto pasado: esto tiene que ver con el sentimiento de una culpa que nos asedia. Un recuerdo de (citando al Apóstol Pablo) un mal que no debimos haber hecho, o un bien que debimos hacer y no hicimos. La segunda cosa tiene que ver con el presente. Decisiones, rutas a seguir, y tantas cosas que se ponen sobre nuestros hombros como un peso muy fuerte. Lo tercero que ocupa nuestra mente es el porvenir. Sentimiento de culpa por un lado, la depresión del presente por el otro. Estas dos cosas nos convierten en personas que miran al futuro con mucha incertidumbre, con miedo.

¿Cómo vivir con estas cosas y aun así tener una vida plena?

No existe la formula mágica, pero esta historia es muy interesante. La historia se desarrolla en Jericó. Una ciudad cerca del río Jordán, en Palestina. Allí vivía un hombre rico, pero atormentado. Su título era “Publicano”. Todos lo odiaban, cobraba impuestos para Roma, que además era una fuerza de ocupación extranjera sobre Palestina en la época de Jesús. Los judíos habían tenido siglos de dominación: Asirios, Babilonios, griegos y ahora los romanos. Este hombre, Zaqueo, lucraba a costa del dolor de su pueblo, cobraba a nombre del imperio romano los impuestos que esta le imponia al pueblo. Así que era considerado además de todo, un traidor. El Evangelio enfatiza que “era rico”. Lucas trata en su Evangelio un tema que también es parte este texto, y es el de la riqueza (ricos y pobres). Se ha escrito mucho sobre este tema, lamentablemente, no hay unanimidad entre los intérpretes. De hecho, “los pobres” han sido interpretados de diversas maneras, como los piadosos, aquellos que no pertenecen al establishment religioso, los discípulos fieles que han renunciado a las posesiones mundanas, los que son realmente desamparados, los que sufren, particularmente a los perseguidos por causa de Cristo. Una Cosa si queda clara para nosotros, cuando Lucas enfatiza en la persona de Zaqueo y en lo que él representaba en la conciencia de su pueblo, nos quiere dejar ver que la riqueza de Zaqueo era mal habida, condenable, por el método en el que fue obtenida.

En esta ciudad iba a ocurrir algo que cambiaría la historia personal de un hombre, agobiado por su pasado y condenado a un presente de aislamiento y soledad. El mismo pueblo que odiaba a Zaqueo seria testigo presencial de esto. El pasaje nos cuenta que “Jesús entra en Jericó” y Zaqueo quiere ver a Jesús, más aun, pudiéramos decir, porque necesitaba ver a Jesús. Pero hay un impedimento, un tumulto de gente que se lo impide. Encontró un enorme obstáculo para verlo. Ante este importante impedimento, Zaqueo está en la misma disyuntiva que cada uno de nosotros ante los obstáculos de la vida. Ante un impedimento prolongado ¿insistir o desistir?. El problema de Zaqueo no está solo en esa muralla humana que le impedía ver a Jesús, el texto nos dice que él era de baja estatura. Hay un impedimento que esta fuera de él, y otro que está en él mismo. Casi siempre ese es el caso. Entonces Zaqueo hace algo fuera de lo común. Sale corriendo y sube a un árbol. Recordemos que es un hombre adulto y conocido en la ciudad. Sin embargo, no le importa que lo miraran y se burlaran de él mientras trepaba al árbol, él tenía un propósito, y si bien estaba frente a la vista incomoda de un pueblo que le odiaba por su condicion social, Zaqueo estaba actuando también bajo la mirada de Dios.

Este hombre quería conocer a Cristo de primera mano, y Cristo también le quería conocer a él. Zaqueo persevera, asciende, no solo para poder ver a Cristo sino para que Cristo lo vea, y ve a Cristo y él es visto por Cristo, logrando así su propósito. Dialogan muy brevemente. Jesús dice “Zaqueo baja, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”. Jesús rompe los esquemas, fue directo. A fin de cuentas era Dios hablando. Lucas nos dice que Zaqueo, Bajó de prisa y con gusto recibió a Jesús. Quizás eran años de agonía y culpabilidad, Zaqueo esperaba este encuentro con ansias. Imaginemos… ¿Qué preguntas hubiéramos hecho nosotros en lugar de zaqueo? ¿Por qué en mi casa Señor? Es que no había en Jericó muchas más personas con prestigio, familias que merecían esta visita más que yo? Pero Cristo sabe que Zaqueo necesita esa Salvación. No la merecía pero la necesitaba. Dice la biblia que los testigos de aquel encuentro “al ver esto, todos comenzaron a criticar a Jesús diciendo que había ido a quedarse a la casa de un pecador”.

Es bien sabido que ante cada proceso de reconciliación por el perdon, están quienes cargados de dudosas intenciones tratan de quebrar la esperanza. Ya era tarde para los fariseos, Dios habia llegado al corazon de aquel que le pertenece. Zaqueo allí frente a Jesús, toma una decisión que afecta su pasado, “Señor si he robado a alguien”, voy a devolverlo y a dar la mitad de todo a los pobres. En tiempo presente toma una decisión que cambiará completamente su futuro. Vivir una paz infinita, saberse perdonado. Lo que para la gente de Jericó es una mancha en la vida de Cristo, para Cristo era la entrada de este hombre en una nueva vida. Y define así el maestro lo que ha sucedido allí, “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. Zaqueo ha sido salvado por el poder del amor y la comprensión. Cuando permitimos que un recuerdo o una culpa, nos robe no solo la paz del presente, sino que ademas amenace nuestra confianza en el fururo, le hemos dado a ese suceso un poder sobre nosotros que en la practica no tiene. Cristo nos recuerda, yo he venido a salvar lo que se había perdido.

Este hombre ha sido regresado a donde pertenece. Ahora, ni su pasado lo asediara más, ni su presente le producirá insomnio, ni su futuro miedo. Esa es la invitación que Jesús nos hace, toma una decisión hoy, no tiene sentido seguir arrastrando las cadenas que te producen dolor, sueltalas para que así puedas vivir un futuro en el que descubras el sentido fascinante de la Salvación.

Dios les continue bendiciendo

Rev. Alex Sosa

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