Salmo 42

Un ciervo sediento, bramando por agua en medio de la sequía. ¿Puede haber un símbolo más claro para expresar la necesidad de Dios en la vida de un ser humano? “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, estas son las palabras del salmista, un acto de fe en medio de la más profunda desesperanza.

Muchas serían las respuestas a la pregunta sobre el significado de nuestra fe. La mayoría dirá que su fe es lo que le ayuda a encontrar paz, satisfacción, consuelo, en medio de las incertidumbres de la existencia humana. Cierto es que podemos recibir consuelo y una sensación de plenitud y de comunión con Dios mediante nuestra fe.

Pero siendo sinceros, aquí no está dicha toda la verdad. Siendo realistas, ¿quién no ha sentido, a pesar de su fe, la sensación de que Dios parece estar ausente en los momentos más duros de nuestra vida? Tradicionalmente hemos entendido que esos dilemas espirituales son causados por la falta de fe, nuestra fe inmadura e imperfecta. Pero parece que incluso las personas de profunda fe y con visión espiritual, se han sentido abandonados por Dios de vez en cuando. Recordemos a Job, Jeremías y al mismo Jesús, quien exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

A veces escuchamos cosas como el que tiene una fe fuerte y robusta, tiene una vida tranquila, pero mis hermanos/as en el Salmo 42, donde sí encontramos palabras de fe, no hay ninguna señal de tranquilidad o serenidad espiritual.

Es una fe que tiene hambre y sed de Dios, pero el salmista no se alimenta de Dios. En su lugar, como se alimenta? Dice “Mis lágrimas son mi pan de día y de noche.” Se hace preguntas…y no encuentra respuestas, solo un vacío, un terrible vacío.
Alguien dijo una vez: “Tenemos miedo del dolor, pero más miedo del silencio.

¿Qué podemos hacer frente a esta experiencia angustiante?

El salmista era una persona con un profundo anhelo de Dios. La sensación de que Dios está lejos, no es un sentimiento reservado a los reprobados, como la falsa doctrina de la prosperidad proclama. Aunque el salmista sintió que Dios era distante e indiferente, el hecho mismo de que él continuó orando era una afirmación de fe en la presencia de Dios.

Debemos entender, que la presencia de Dios no depende de nosotros. Que tengamos las sensaciones la ausencia de Dios no quiere decir que Dios esté ausente. Nuestros sentimientos de depresión o disgusto, pueden provocar en nosotros que sintamos a Dios distante o ajeno a nuestros problemas, pero estos sentimientos realmente nos dicen poco o nada sobre la presencia real de Dios, porque Dios es mayor que nuestros sentimientos.

Una de las porciones claves de este salmo, es que mientras que el salmista se siente abandonado por Dios en la actualidad, todavía es capaz de recordar el gozo espiritual que experimentó en el pasado y pone sus ojos con esperanza de un futuro mejor. En medio de nuestra situación, no olvidemos las veces que Dios, cuando parecía Imposible, nos mantuvo a flote.

Quizás estés pasando por alguna prueba en este momento, no llegaste a aquí por casualidad. Si es así, permite que a tu memoria lleguen los tiempos mejores. El recuerdo de los hechos de Dios en tu vida pasada, te pueden permitir, como al salmista, sacarte esa angustia excesiva, para luego expresar confianza en el futuro con una fe renovada. “Estas cosas que recuerdo…” decía el salmista en su dolor, para después decir: ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

El sentimiento de soledad y abandono puede llegar, pero lo importante es no dejar de aferrarnos a Dios. Tenemos la promesa de que Dios estará con nosotros y tenemos la seguridad de que nada “en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Hechos 8:39).

Dios les guarde siempre,

Rev. Alex Sosa

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