Hoy en día hay muchas maneras de ser Iglesia, pareciera que cada vez es más difícil definir lo que es la Iglesia, o cómo debe ser la Iglesia de hoy, frente a los retos actuales de la sociedad. Esa es la razón por la que desde las últimas décadas de la pasada centuria, y hasta hoy, hemos venido viendo muchos nuevos modelos de Iglesia. Es que queremos ser, decimos, efectivos como lo fue Jesús en su ministerio. Así, hay congregaciones muy grandes y otras muy pequeñas. Iglesias muy tradicionales y otras muy contemporáneas en su adoración. Como cada vez más las tácticas de mercadeo han sido aplicadas a la misión de la Iglesia, abunda, con cierto éxito pudiéramos decir, el énfasis en captar el interés de la gente por las cosas de Dios a través de mensajes visuales muy al estilo de un comercial de television. He visto algunos muy interesantes que exhiben gran derroche de creatividad.

La oferta: Existen lugares de Culto donde no puedes subir a un púlpito sino estás vestido con traje y corbata, como otros donde debes ir vestido lo más casual que puedas. Es decir, ser Iglesia sin que tu reunión o el lugar donde esta se lleva a cabo, se parezca a un lugar de culto tradicional. Así que, en la actualidad muchas personas al ver que una Iglesia es “tradicional” es como si se le encendieran unas luces de alarmas que indicaran algo como: “Deténgase, no entre”.

Conocemos congregaciones donde la ofrenda y el diezmo son requisito indispensable para ser parte de la membresía, pero también otras donde hablar de esa práctica puede acarrear malentendidos. Vemos Iglesias, de sana doctrina, democráticas y transparentes en su administración, donde los pastores no gozan del debido reconocimiento o consideración, y que con dolores de parto llevan adelante la obra. Por otra parte, vemos Iglesias dirigidas por un líder, solo bajo el subjetivo grito de: “Dios me dijo…” y sus seguidores creen que Dios está bajando cada domingo, y olvidando los otros millones de creyentes, le susura cosas a su pastor que no le dice a ningun otro mortal.

Dos Iglesias se unen para formar una porque ya su membresía ha bajado, o dos ya grandes se unen para crear una aún más grande, otras se dividen y crean una nueva cada día. Hoy el status quo es muy importante y eso se lleva al plano de la fe lamentablemente, cuando mucha gente te dice “yo asisto a tal Iglesia” es equivalente a decir “yo compro en tal tienda”. Cada vez son menos los que lo hacen por fidelidad a una tradición de fe o a un credo. Lamentablemente, muchos creyentes, siempre identificaran efectividad con tamaño, es parte de nuestra cultura, está en nuestra mente, si la Iglesia es grande es fuerte. Estamos obsesionados con los números. Así que efectividad para nosotros tiene que ver con cantidad, un cálculo que hacemos es más o menos así… “dime cuantos miembros tiene tu Iglesia y te diré que tan buena es”.

Claro, cuando asistes a una Iglesia muy grande, disfrutaras de una música profesional, luces bien coordinadas con el ritmo y el contenido de la misma, cómodos asientos, etc. Posiblemente, en una Iglesia así, no logres intimar con la mayoría de la gente incluidos los líderes, verás al pastor por una pantalla gigante, o como una pequeña personita allá lejos en el pulpito, pero así de lejos estarás también de los desafíos y conflictos reales por los que puede atravesar dicha Iglesia. Si estas en una Iglesia pequeña, sí estarás en contacto con la realidad, con ese calor humano del abrazo de la mayoría de los miembros, es como en una familia, donde los problemas también están y se distinguen, pero el amor debe sobreponerse a las situaciones de conflicto por un bien mayor. Sin embargo, ¿Por qué Dios permite que el 97 % de las Iglesias no sean “MegaIglesias”?. Estudios recientes han arrojado que, en los ultimos tiempos, en el mundo evangelico, las iglesia que mas crecen son las mega Iglesias “no denominacionales”, pero a la misma vez son estas de las que mas la gente se va, ya que ya no hay un compromiso ni una identidad con “la marca”.

Sabemos que la realidad es que cada Iglesia puede ser efectiva con su propias características; a la hora de saber cuál es la Iglesia que Dios quiere pensamos que no está tanto en lo externo, sino que hay que ir más profundo. En principio, nunca olvidemos que la Iglesia no es un edificio, la Iglesia eres tú, soy yo, y será mejor o peor en la medida en que tú y yo lo seamos.

El libro de Apocalipsis es muy interesante en este sentido, un libro que comienza diciendo que es una revelación. Precisamente esa es la traducción de la palabra griega Apocalipsis. Este ha sido un libro muy popularmente interpretado, no sé si bien, para leerlo tenemos que ponernos siempre en la situación de las Iglesias a las que Juan dirige su carta. Han comenzado a aparecer conflictos, y el conflicto no es solamente con el poder político (Roma), sino también con todo el orden social. El libro va dirigido “a las siete Iglesias”, en lo que entonces se llamaba Asia, hoy Turquía. Había más de siete Iglesias; pero Juan dirige su carta a este grupo. Las razones del por qué a estas siete no se sabe con seguridad, pero este número en la Biblia significa perfección o totalidad. No sería desacertado pensar que las siete Iglesias representan a toda la Iglesia.

Estas cartas siguen más o menos la misma estructura, Juan es el interlocutor y la carta siempre comienza con una presentación de quién es Cristo y contienen elogios y críticas de parte del Señor para la Iglesia. Exhortaciones y palabras de estímulo.

Por ejemplo, brevemente leamos una parte de El mensaje a Filadelfia.

“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo sé tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Mira, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que dicen que son judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que está para venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. Mira que vengo en seguida; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venza, yo lo haré columna en el santuario de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Antes de llegar a la parte que queremos ver del texto, que son las cualidades que Dios alaba de la Iglesia, a diferencia de lo que popularmente se mira hoy como el éxito de una Iglesia. Veamos primero algunos detalles de este pasaje:

En medio de un conflicto agudo con todo el orden social de entonces, hay una Promesa: “Yo he abierto una puerta delante de ti que nadie puede cerrar”. ¿Quién da la promesa? Se dice que es “el Santo”, verso 7 dice “esto dice el Santo”. Cristo es el Santo. Recordemos que a Dios se le alaba en al Antiguo Testamento más por su santidad como por cualquier otra cosa. Cuando el ángel anuncia el nacimiento de Cristo a María, le dice, lo Santo que nacerá será llamado hijo de Dios. Es decir, ese que va a nacer es la manifestación absoluta de aquel que es absolutamente Santo.

El versículo 1 dice además: “el verdadero”. Esa frase es un equivalente a decir que Dios es fiel. No sé cuántos de ustedes han escuchado ese exceso que a veces se oye en la retórica evangélica: “Tienes que reclamar esa promesa a Dios…”

Hermanos/as, el Dios de la biblia no necesita ningún reclamo de nadie…porque Él es fiel!

Esa es una de las frases prefabricadas, como otras que escuchamos pero que encierran un error doctrinal. No podemos dirigir a Dios, darle órdenes a Dios, o manipular a Dios, porque Dios es omnipotente, es Santo, cuando da una promesa está empeñada su fidelidad.

A pesar de mis caídas, de mis debilidades, de mis miserias, Dios cumple su promesa porque es fiel. Dice algo más, este que es santo y es verdadero es el que tiene la llave de David. La llave de David era la ejecución del Reino que Dios había prometido. (La promesa hecha por Dios a David) Ese reino duro unos años por los pecados de los descendientes de David. Pero muchos años después nació un niño de nombre Jesús y es hijo de David. Nunca el trono estará vacío, porque Cristo es Rey. Ese Rey de Reyes no nace ni en un palacio ni en el templo de Jerusalén, sino en una aldea pequeña y en un establo. Dice Isaías “Verlo hemos, pero sin atractivo para que lo deseemos”. Ese Rey de Reyes y Señor de Señores esta reinando. Es quien ha recibido el nombre que es sobre todo nombre.

Ahora, qué es lo que Dios promete en este texto: Él dice a la Iglesia de Filadelfia, “he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Si usted quiere interpretaciones sobre lo que es esa puerta, escuchara cualquier tipo de alegorías, pero queremos afirmarla sobre bases bíblicas.

Recordemos que son Iglesias pequeñas, enfrentan persecución, rechazo, en medio de esa situación escuchamos la declaración de Jesús en Hechos1:8 donde él dice que “vendrá sobre vosotros poder del Espíritu y entonces me seres testigos…”

Esa es la puerta, ser testigos de Cristo en la tierra. No importa lo que el enemigo trate de hacer, ya Cristo abrió la puerta. Creemos que es la puerta de la evangelización, nadie puede impedir que el mensaje de Cristo sea predicado. Pablo está preso en Roma pero, allí preso, Pablo está hablando de Cristo y llevando el Evangelio a las personas. La fuerza para esta misión viene de Dios. Dios nos usa como instrumentos para que hagamos su obra, pero la biblia dice que no es con ejército, ni con espada, sino con mi Espíritu.

De esta forma, les invito ahora a ver a una parte de la carta donde el Señor, el Santo, el Verdadero alaba la obra de la Iglesia, y que interesante lo que encontramos en ese elogio del Señor.

Imagínense ustedes que Cristo va a la Iglesia en estos tiempos… ¿qué usted cree que Cristo pudiera ver que sea digno de alabanza? ¿Edificios enormes, lujosos asientos, luces de colores, instrumentos musicales caros, miles de personas dentro? Bueno, olvidemos por un momento nuestra opinión personal y miremos los textos. A la Iglesia de Éfeso le dice “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado”.

A Esmirna le dice: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico)”

A Pergamo le dice: “Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás”. A Tiatira le dice: Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. A la Iglesia en Sardis no la alaba aunque le dice: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”.

A la Iglesia de Filadelfia: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”. Y agrega:” Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba”

A Laodisea (que se sentía próspera y posiblemente bendecida por esa prosperidad) no le da halagos: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.!! Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

Note que en las Iglesias anteriores el Señor no ha mencionado ni una vez la forma del culto de Adoración, ya sea por su solemnidad o reverencia o por su espontaneidad. Lo que sí ha alabado es el amor, la fe, la paciencia, la firmeza, las obras de amor de esas Iglesias. Esos criterios también se aplican a la vida de un cristiano.

¿Estaríamos dispuestos a cambiar la forma en la que medimos a la Iglesia y por ende nuestro concepto de lo que es un Creyente? Si usted lee estas siente cartas notara que casi todas las cartas contienen críticas o invitaciones a las Iglesias para que tengan una fidelidad mayor. Excepto las cartas a Esmirna y Filadelfia. Sin embargo, todo parece indicar, que en términos humanos y materiales, eran las Iglesias más débiles entre todas. Eran pobres y estaban asediadas.

Cuando pensamos en las características de una Iglesia fuerte, ¿sobre qué bases hacemos tales juicios? Si pensamos que las características de una iglesia fuerte es tener muchos miembros, dinero e influencia, ¿no estaremos usando criterios diferentes a los que usa el Señor? ¿No será que puede haber Iglesias que pareciendo más débiles y en situaciones más precarias pudieran ser las fieles? Todas estas son preguntas que nos gustaría dejarles para la reflexión personal en este año que comienza. Que esto nos ayude a definir la Iglesia y el tipo de creyente que somos.

Dios les continúe bendiciendo.

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