Hace mucho tiempo que usamos  la palabra altar, para referirnos a lo que los cristianos Reformados llamamos “presbiterio”.  El lugar donde se coloca el lider de la adoración o  el presbítero pastor, es decir,  la parte delantera, y casi siempre más elevada del templo. Escuchamos expresiones como que no se debe poner flores sobre la “mesa del altar”, “el pastor se subió al altar” a predicar, o “hicieron un llamado al altar”, etc. Me incluyo, ya que en acto mecanico algunas veces lo hice.  Nosotros mismos en nuestra celebración del Día del Señor, citamos textos o cantamos cánticos que hacen un llamado a llevar nuestra ofrenda “al altar”, etc. En alusión clara, a una realidad teológica del Antiguo Testamento.

Es nuestra responsabilidad, estudiar a fondo el significado de cada cosa que hacemos en nuestra adoración a Dios, los conceptos y palabras que manejamos en nuestro vocabulario cristiano. Isaías 5:13 dice “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento”. El conocimiento es una facultad que poseemos los seres humanos y tiene que ver con la interpretación y el entendimiento. Conocer es más que memorizar y repetir. ¿Significa que tengo conocimiento, que me se la biblia de memoria, que oro diciendo diez mil palabras por minutos? Me puedo saber la biblia de memoria pero no entenderla. Puedo tratar de impresionar, recitando pasajes como hacían los fariseos pero no saber lo que dice. También puedo estar lleno de la ciencia del mundo, la cual no obedece a Dios. Como dice I Corintios Puedo tener, entre otras cosas, “todo conocimiento”, pero si no tengo amor, nada soy. Todos sabemos que Dios es Amor. Conocimiento sin Amor, es equivalente a conocimiento sin Dios. Un conocimiento que no glorifique a Dios es inútil.

Entonces, ¿Qué es eso de altar? ¿Cuál es el origen de esta terminología en la iglesia? Por supuesto, está relacionado con las Escrituras, pero es más complicado de lo que parece. El altar es, generalmente, un lugar donde se ponía a una víctima que iba a ser sacrificada. Se refiere a una estructura que se construía, más elevada que el resto del lugar, donde estos sacrificios tenían lugar. La Primera vez que encontramos ese término es en Génesis 8:20, “Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.” Más adelante en el capítulo 12: 7 “Y se apareció Jehová a Abram, y le dijo: «A tu descendencia daré esta tierra.» Y edificó allí un altar a Jehová, quien se le había aparecido”. En este segundo pasaje, sin embargo, no existe ninguna mención a un sacrificio que haya sido efectuado. Tanto en Génesis como en Éxodo, se mencionan altares donde se realizaban sacrificios y otros donde no hay evidencia de ello (otros ejemplos son Génesis 22: 7 y Éxodo 17:15).

La mayoría de las veces encontramos altares donde por mandato de Dios, debían realizarse sacrificios. Cuando Dios dio al pueblo la Ley, le dejo claro a Moisés para qué serían los altares que él debía construir. Estos eran para ofrenda de sacrificios de animales, granos e incienso. Ahora bien, si el Nuevo Testamento fue el cumplimiento del Antiguo testamento, estamos de acuerdo en que este tipo de sacrificios, no estaban llamados a continuar después de que el Padre enviara “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 01:29). Estas ceremonias perdieron toda vigencia bajo el Nuevo Testamento.

Sin embargo, la realidad es que estos “altares” no han desaparecido del todo. Muchas veces a la mesa de la comunión, le llamamos altar porque allí celebramos la Santa Cena, pero en realidad no se está sacrificando alli una victima, sino celebrando un memorial de aquel unico sacrificio. El catolicismo romano entiende que en la misa se realiza un sacrifico, ya que para ellos Pan y Vino,  se convierten, literalmente,  en verdadero cuerpo y verdadera sangre, de acuerdo con su doctrina de la transubstanciación. Por lo tanto para los hermanos católicos el “altar” continua siendo un lugar donde ocurre un sacrifico ya que se parte su cuerpo y se derrama su sangre. Nuestra mesa de comunión guarda similitud, pero lo que ocurre es completamente diferente. Cristo esta presente realmente,  pero en el Espiritu.

Es por eso que los presbiterianos, no se refieren a la mesa de la comunión o incluso la plataforma elevada donde el predicador se coloca, como el “altar”. Afirmamos el sacerdocio Universal de los creyentes. La adoración se ofrece por toda la congregación, hemos sido acercados a Dios por la muerte de cristo.

“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. (I Pedro 2: 5)

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. (Hebreos 13:15)

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. (Romanos 12: 1).

El altar no es un lugar físico, sin embargo a veces podemos compartir expresiones simbólicas como “un altar al Señor en mi corazón”, o “altar familiar” ya que más bien hablan de momentos devocionales en nuestra vida personal o familiar. Un lugar donde ofrecemos a Dios sacrificios espirituales de alabanza y adoración. Es por eso, que sería bueno el evitar el uso del término “altar” para referirse tanto a la mesa de la comunión o para el frente de la iglesia.

Muy relacionado a esto, algunos hermanos, en el pasado, nos han preguntado por que no hacemos un llamado a pasar al frente y aceptar al Señor en cada servicio de Adoración. Entendemos que tampoco son un buen recurso los famosos “llamados al altar” después de un sermón. Creemos que más bien son una apelación a las emociones para “identificar” a un converso. No quiere decir que esto sea algo pecaminoso, pero es una práctica que no encontramos en las páginas de las Sagradas Escrituras.

El Espíritu Santo no necesita una mano levantada, y que camines hacia el frente. Él se complace en que un corazón de piedra se convierta por su Palabra en un corazón de carne (Ezequiel 36:26), sin importar dónde esta, parado, sentado, o acostado.

En la bendicion del Señor,  Rev. Alex Sosa

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